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Por tradición y sensatez popular, los habitantes del Valle de los Pedroches —un enclave inmutable situado entre Extremadura, Andalucía y Castilla— han cuidado desde hace siglos de las encinas que cubren sus dehesas como si fuesen árboles sagrados.
Paradójicamente, tan radical protección arbórea ha condicionado más la arquitectura del valle que su paisaje, pues la carencia de madera para edificar propició la utilización del granito —Los Pedroches— como material de cubrición y, por lo tanto, de la cúpula de rincón como solución estructural, de forma que son las encinas las que caracterizan las dehesas, y las cúpulas su arquitectura. Por desgracia, estas cúpulas constituyen una especie en riesgo de desaparición ante la agresiva invasión de nuevas técnicas constructivas, tal vez más rutinarias, pero también más intrascendentes.
En el año 2013, con la iniciativa de levantar un observatorio de la fauna del valle, surgió la oportunidad de revisitar la tradición, y se propuso construir un rectángulo de cúpulas plementadas como techo protector desde donde observar las especies protegidas. La irónica suerte de una arquitectura en riesgo de extinción al servicio de una naturaleza sin amenazas.
Sobre un solado de chinos de 52x40metros, dimensiones determinadas por un claro en el encinar que proporciona el tamaño del edificio a la escala del paisaje, se dispuso un ‘rectángulo matriz’ en el que se implementaron dos corredores de distribución norte-sur y la trama reiterativa de 6x6metros que sustenta las cúpulas del observatorio.
La necesidad funcional de un patio de recibo, y uno más reducido de iluminación, introduce en la retícula de cúpulas la alteración precisa para evitar un exceso de literalidad geométrica. No puede sorprender que las dimensiones del conjunto, tanto del solado y la planta de la casa como de las cúpulas de 6 metros de base por 4,5 metros de altura, estén en proporción 1:3, denominada ‘proporción cordobesa’, presente en toda la arquitectura de la comarca. Se propone así un espacio continuo de planos curvos y aristas cruzadas para percibir el sólido y pesado frescor de las cúpulas encaladas.
Para levantar el edificio se ha utilizado tan sólo una cimbra metálica, con un vertido de hormigón realizado
con árido de Los Pedroches. Y se ha renunciado a la tradicional cubrición de las cúpulas, confiando en que la exhibición de su convexidad las integre visual y geométricamente en el oleaje esférico y arbóreo de encinas circundantes que, como cimborrios vegetales, se extienden hasta el horizonte.
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