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Tipología:Estadio Centro deportivo Deporte
Material:Cerámico
Fecha:2016 - 2018
Ciudad:Tarragona
País:España
Fotógrafo:Simón García
En el año 2011, Tarragona fue elegida sede de los XVIII Juegos Mediterráneos. Situado en el nuevo anillo olímpico al oeste de la ciudad, el Palau d’Esports Catalunya —con capacidad para 5.000 espectadores— fue uno de los escenarios principales de esta competición deportiva, desarrollada durante el verano de 2018. El edificio preside un complejo articulado mediante un gran parque de especies propias de este tipo de clima, con el que se buscaba asimismo dinamizar y renovar la imagen del degradado barrio de Campclar.
La dimensión del proyecto viene determinada por las medidas de su espacio central, que permite la disposición de tres pistas de 44 x 22 m de forma contigua y se puede utilizar de manera flexible transcurrida la celebración de los Juegos. Para suavizar el impacto visual de la edificación, se modificó la topografía del solar, de manera que la mayor parte del programa auxiliar (las salas de prensa y control de los deportistas, los vestuarios, las instalaciones o los almacenes) se concentra en un nivel semienterrado. Sin embargo, tanto el acceso como la distribución del público por las gradas se realiza desde el nivel superior, a cota de calle.
Las diferentes secciones de la envolvente se conciben y ejecutan a partir de elementos cerámicos, en un gesto formal que remite a la tradición constructiva de la Tarraco romana. El cerramiento perimetral, articulado en tres franjas horizontales, se desdobla en dos fachadas para permitir las vistas hacia el exterior y al mismo tiempo evitar la incidencia directa de la luz sobre el espacio central. La cara exterior se compone de lamas fijas, colocadas en distintos ángulos según su orientación, que caracterizan la imagen del Palau. La banda baja de la hoja interior se realiza con ventanas practicables de vidrio, mientras que las superiores alternan paneles sándwich prelacados y unidades de policarbonato celular según un patrón ascendente que va de menor a mayor opacidad.
La planta inferior se cierra con paños transparentes para garantizar la iluminación natural. Por otro lado, la cubierta se reviste con piezas cerámicas pequeñas que se adaptan al perfil curvo. En la zona central se abre un lucernario de 12 x 48 m que intercala una serie de pantallas transversales con el objetivo de evitar contrastes lumínicos acusados y contribuir a difundir el sonido de manera homogénea. Complementariamente, se extiende un falso techo textil para mejorar el confort acústico y reducir la reverberación.
El edificio también incorpora varias medidas pasivas de diseño bioclimático, tales como la instalación de pozos canadienses y la excavación de un foso perimetral, que favorecen la ventilación natural y reducen la demanda energética de climatización.
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