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Un original mosaico en damero otorga nueva vida a una antigua casa de pescadores de El Cabanyal
Abuelos, padres y ahora, nietos. La historia de una familia entera se inscribe entre estas paredes que son pura historia valenciana y, a la vez, respiran creatividad y contemporaneidad.
"Este diseño de damero aporta un efecto óptico hipnótico que maximiza los espacios y se presenta como un elemento diferenciador, tradicional y con una atmósfera propia y singular", contaban desde el estudio Viruta Lab, en este proyecto en Valencia.
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Revestimiento de damero para honrar el pasado de una vieja casa de El Cabanyal
Las largas calles rectas proyectadas en paralelo al mar y llenas de alegres casitas tradicionales revestidas de coloridos azulejos de El Cabanyal han estado a punto de desaparecer en varias ocasiones. Sin embargo, diversas movilizaciones ciudadanas (que, en la actualidad, han llevado también a cierta gentrificación del barrio) han conseguido que este tesoro valenciano se convierta en una de las señas de identidad de la ciudad.
Este mosaico en forma de damero es un elemento típico de las fachadas del Cabanyal que, a partir de 1875, comenzaron a llenarse de este material cerámico de formas geométricas que todavía hoy forma parte del imaginario popular del barrio.
Amantes del diseño de todo el mundo se han mudado en los últimos años al lugar, muchos, contando para la rehabilitación de los viejos edificios con arquitectos de altura.
Es el caso de los dueños de este antiguo piso familiar, que han comandado su renovación a Viruta Lab, expertos en conservación del patrimonio.
"Este diseño de damero aporta un efecto óptico hipnótico que maximiza los espacios y se presenta como un elemento diferenciador, tradicional y con una atmósfera propia y singular", cuentan desde Viruta Lab.
“El mayor reto al que nos enfrentamos fue actualizar la vivienda sin perder un ápice de la esencia que respiraba el día que tiramos abajo la tapia que cubría el acceso: los susurros arquitectónicos que oíamos y veíamos, cómo nos hablaba esa arquitectura marinera al volver a abrir su puerta y acceder, a través de ella, de nuevo a la vida, la brisa y el olor a mar”, recuerdan desde el estudio.
Todos los muebles de la cocina son diseño de Viruta Lab. “El verde del mobiliario junto al azul del mosaico damero, potencian los colores más usados en las viviendas de esta tipología de arquitectura valenciana”, explican sus integrantes. “El gran reto era ser respetuosos con ella”, resumen, refiriéndose a esta "modesta vivienda" de 85 metros cuadrados construida en 1946, habitada por los abuelos del actual heredero y cerrada durante muchos años.
El mosaico tipo damero es de Hisbalit. “Es un lugar de un inconmensurable valor sentimental que respira el recuerdo de una familia entera. En ella, el patriarca anclaba cada día su red de pescador en la fachada tras terminar su jornada”. El patio interior aún lo dibuja sentado en su banqueta de cuerda junto al abrevadero de piedra, que ha sido recuperado por el estudio valenciano como seña del paso del tiempo.
La vivienda mantiene la entrada de luz natural tradicional con la fue concebida en 1946. Además, el patio trasero insufla luz ambiente al interior a través de su apertura generosa hacia la cocina.
El Cabanyal fuera… y dentro
Ahora, el propio barrio se introduce en el interior de la vivienda a través de una apuesta singular y ganadora: la de revestir el suelo y parte de las paredes originales de ladrillo -preservado en los muros medianeros-, con mosaico bicolor azul y blanco roto en modelo damero.
“El proyecto de iluminación artificial se ha concebido para llenar de luz las horas nocturnas”, cuentan desde el estudio. Se han implementado apliques de pared en cada estancia con iluminaciones más puntuales y focalizadas.
El damero es una seña de identidad de muchas de las viviendas del Cabanyal. Se usaba, sobre todo, para el recubrimiento de fachadas, y para crear esa estética tan característica del barrio. Estaba claro que esa atmósfera tenía que entrar dentro del proyecto y pintarlo al máximo posible. El encontrarnos, además, una lámpara original de cerámica azul y blanca en la entrada fue una señal para nosotros: ¡los colores y el material estaban claros! Fue un amor a primera vista ver cómo cobraba forma nuestra idea y fue muy fácil transmitirle esta ilusión y, sobre todo, este concepto a los clientes.
“No hubo ningún titubeo posible; era lo que todos esperábamos”, recuerdan desde Viruta Lab.
Sobre la cama, cojines Mandarina, de Sancal.
El característico look define esta casa de dos plantas con una fachada de reducidas dimensiones, a lo que se suma un pequeño patio y una azotea.
Para conservar su esencia, el estudio ha mantenido el color de la fachada, así como su distribución ornamental con los huecos y la escalera principal, tal y como determina el legado arquitectónico de aquella época.
La azotea se ha impermeabilizado con una plaqueta tradicional de barro en formato pequeño, llamada catalana, y colocada a tresbolillo. Sobre ella, descansa un cenador de madera.
Un trabajo de preservación extraordinario. Se han preservado y reparado las molduras originales así como los escalones de granito de una sola pieza en las huellas y contrahuellas de la escalera. Su descansillo, además, está vestido por el terrazo negro de veta blanca existente.
Durante la obra, se descarnó toda la vivienda, dejando desnudos los ladrillos originales y reparando las molduras preexistentes para otorgar altura y dotar de cierto valor nostálgico al interiorismo.
la carpintería interior fue recuperada antes de la demolición. Tanto la puerta de acceso como las de paso a las habitaciones han sido tratadas, decapadas y enceradas. El resto de la nueva carpintería se ha proyectado para generar los volúmenes destinados a los aseos.
Estos cuentan en su interior con el aplacado en mosaico bicolor que cose el interiorismo de la vivienda y con el techo entelado en esparto que diferencia la zona de higiene personal, finalizada en microcemento.
Una gran caja de madera vertebra el espacio de la planta baja, funcionando como contenedor para el servicio de aseo que queda oculto en su interior.
El aseo, que aquí se muestra abierto, cuenta con techos entelados en esparto.
Mobiliario a medida
Otra afortunada peculiaridad del proyecto es su mobiliario, que “ha sido diseñado por nosotros ad hoc para poder cerrar este diseño de interiores de gran complejidad debido a sus reducidas dimensiones”, según el estudio.
Para elaborarlo, han empleado tres materiales: la madera tintada en el tono del resto de la carpintería interior, el textil de esparto y el tejido verde de los asientos. “El verde del mobiliario, junto al azul del mosaico damero, potencian los colores más usados en las viviendas de esta tipología de arquitectura valenciana”, cuentan sus creadores.
En la planta superior, Viruta Lab ha proyectado dos dormitorios que comparten núcleo central: un aseo completo cerrado, a modo de caja de madera, con una zona de lavabo exterior que funciona como isla y elemento diferenciador. Este baño genera una doble circulación que se tamiza con la recuperación de las antiguas puertas de cristal y madera.
Hemos conseguido la atmósfera que esperábamos: volver a la vivienda de 1946 de una zona de pescadores. El olor a salitre. Simplemente, quedarte sentado en el sofá de la entrada verde, rodeado del damero azul y beige, con los ladrillos y molduras antiguas, y todo bañado por la luz del Mediterráneo, tamizada por las rejas a pie de calle. Es respirar el mar y soñar con el Cabanyal de aquellos años”, culminan desde Viruta Lab.
María Daroz y David Puerta, fundadores de Viruta Lab.
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