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En esta bucólica casa de campo del siglo XIX vive una pareja hipster que decora con muebles de IKEA vintage: “Nos gusta el estilo retro-nórdico” Dentro de los viejos muros de arenisca de esta acogedora casa de campo, la pareja tiene todo lo que necesita para pasarlo bien.
La casa de campo perfecta existe. Y la pareja hipster también. Franzi Ste lleva ocho años viajando por el mundo como modelo; Peter Bender es fotógrafo, cámara y director. La perrita se llama Carla.
En esta bucólica casa de campo del siglo XIX vive una pareja hipster que decora con muebles de IKEA vintage: “Nos gusta el estilo retro-nórdico”
Cada casa de campo (e historia de amor) tiene su historia particular. La de esta en concreto empezó en 2017, en un día de trabajo en Hamburgo.
Por aquel entonces, Franzi Stegemann ejercía de modelo frente a la cámara de Peter Bender. Tras reacciones esporádicas en las historias de Instagram mutuas y encuentros esporádicos en Hamburgo, se reencontraron un año después en la casa de Bender, una antigua casa de campo en Volxheim, una pequeña población al este de Alemania. Pero solo para una comida de negocios... o eso pensaba Franzi Stegemann. De hecho, la mesa estaba puesta para dos, con una vela encima y una buena copa de vino.
La chispa se encendió y el
Luego llegó la pandemia y Franzi Stegemann se fue trasladando poco a poco de Hamburgo a Bender, para vivir en el campo. Ahora, los dos solo tienen su dosis de ciudad cuando viajan por trabajo.
La mesa de comedor y la estantería son de una colección conjunta de IKEA y HAY, rodeadas por tres sillas Wishbone, de Carl Hansen & Søn. La foto es del fotógrafo Götz Diergarten, amigo íntimo (¡y casero!) de la pareja.
La joven pareja comparte el patio de esta casa de campo con otra familia. Sobre cómo darle la espalda a la ciudad con una sonrisa y mucho estilo. Ambos protagonistas de esta historia le han dado la espalda a la ciudad. ¿Cuál es la belleza de la vida en el campo? “Solo haces lo que realmente quieres hacer. Te centras en lo que es importante para ti. Para nosotros, eso significa hacer deporte, visitar a los amigos, trabajar y, simplemente, pasarlo bien. Al no tener tantas opciones como en la ciudad, te vuelves automáticamente más creativo a la hora de organizar tu tiempo libre. Un poco como en la infancia”, dice Peter Bender. “¡Y que podemos tener un perro sin remordimientos de conciencia!”, alza la voz Franzi Stegemann. Con 25 años entonces, podría decirse que Bender era demasiado joven para elegir esta vida. “Cuando vivía en Fráncfort, enseguida me di cuenta de que la vida en la ciudad era demasiado ajetreada y frenética para mí. Eso fue en 2017, cuando encontré esta casa. En el anuncio de casas de alquiler había solo dos fotos, pero fueron suficientes para convencerme: una mostraba los hermosos azulejos junto a la chimenea; la otra, una toma de las vigas de acero gris”, recuerda Bender, añadiendo que esta casa de campo ya reformada era el tipo de hogar que siempre había deseado.
El sofá Söderhamn de color ocre de IKEA se instaló en la casa con Peter Bender hace siete años. Al igual que la alfombra persa, herencia de su abuela. Franzi Stegemann diseñó y construyó ella misma la lámpara de la pared.
Un poco de historia sobre esta casa de campo alemana (que ya tiene una cocina nueva)
Encima de la puerta de entrada cuelga un pretzel, así que esta casa de campo podría haber sido antaño una panadería. Pero es solo una suposición, quizá el anterior propietario lo puso allí. También hay una fecha, 1839, pero se desconoce si es el año real de construcción —hay otro número grabado en el frontón, 1867.
“En cualquier caso, la casa tiene al menos entre 160 y 170 años”, confirma su inquilino. “Se nota que vives en una casa antigua. Mido 1,93 metros, pero los marcos de las puertas solo miden 1,85 metros. La gente era más bajita entonces”. “¡Siempre camina medio encorvado por la casa! La edad de la casa se nota también en que la luz se va fácilmente. Además, todos los suelos están torcidos, al igual que las paredes”, dice ella, aclarando que, para ahorrar, durante la construcción de esta casa de campo, ya se utilizaron tarimas y vigas torcidas, así que no se fue torciendo con el tiempo, sino que simplemente se construyó así.
La belleza de estos interiores con alma también se percibe en los ruidos, como el crujido de la madera, y en el aire fresco que se respira en el interior durante el verano.
“Lo que más me gusta es el ambiente especial que reina en las casas antiguas. Son acogedoras por sí solas, sin que tengas que hacer nada”, cuenta Stegemann.
La cómoda de madera con tapa de mármol es de época; el nicho en la escalera se ha convertido en botellero.
Los azulejos junto a la chimenea se colocaron durante la primera reforma de la casa, hace nueve años.
“Hace unos nueve años, nuestro casero renovó lo que estaba en peores condiciones. Luego, el año pasado, hubo una especie de reforma integral, en la que se renovó casi todo menos las tuberías y los cables.
También, aprovechamos para instalar una cocina nueva, sencilla, sin armarios altos, que planificamos con los chicos de Parallelwerk", desvela el fotógrafo.
“Optamos por el amarillo porque los marcos de las puertas contiguas de la cocina eran grises. Por eso descartamos todos los tonos grises y negros, pero tampoco quería blanco. Amarillo armoniza maravillosamente con el suelo de madera y las paredes blancas”, añade ella. De paso, este color combina muy bien con el sofá del salón, de IKEA, que en 2015 todavía estaba disponible con una funda de color ocre, ¡ahora es una auténtica pieza de coleccionista!.
La cortina de ducha a cuadros del cuarto de baño es de Ferm Living. La puerta de madera con vidrieras individuales es, como todas las demás puertas, original.
Los azulejos originales aún pueden verse en la entrada. El zapatero amarillo es una nueva incorporación de Tylko. “Mi estilo es retro-nórdico” Cuando le preguntamos a la pareja por su estilo decorativo, ambos lo definen como “retro-nórdico”. Por supuesto, tienen una lista de deseos con nuevas piezas que querrían incorporar a esta casa de campo que alquilan con pasión. Él elige la lámpara Bellhop, de Flos. “Ya tenemos una y hace una luz tan bonita que podría estar en cualquier habitación. Me encantaría tener diez”. Y ella dice que un sofá más grande. “Aún no sé exactamente cuál, hay tantos que me gustan…”.
En la habitación del ático, hay una cama de invitados, para los amigos que suelen venir a visitar a la pareja al campo.
Franzi Stegemann tiene su espacio de trabajo bajo el tejado. Unas tablas viejas le sirven de encimera y una colorida colección de fotos, dibujos y bocetos cuelgan de la pared.
“Uno de mis lugares favoritos de la casa es la habitación bajo el tejado. Es increíblemente acogedora, sobre todo, cuando llueve a cántaros. Nuestros huéspedes lo confirman a menudo”, se despide Peter, mostrando de paso las vistas de cuento a través de la ventana.
Vista sobre los viñedos hasta el pueblo, en las inmediaciones de esta casa de campo centenaria.
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