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¿Una casa brutalista sin hormigón? Amarás este espectacular hórreo del siglo XXI en Galicia
Una parcela complicada, en fuerte desnivel y de roca granítica, resultó ser el lugar ideal para construir esta casa de vacaciones en la Costa da Morte. Un hórreo contemporáneo, el perfecto manifiesto de la ruralidad bien entendida.
Una vivienda singular en la Costa da Morte
Cuando los romanos llegaron a lo que ellos creían el fin del mundo, finis terrae, encontraron el Ara Solis, un altar dedicado al sol por las tribus celtas que habitaban la zona. Fue al atardecer, al contemplar la belleza del ocaso en el mar cuando entendieron su valor.
Esta vivienda de madera en Galicia es de alguna forma un altar contemporáneo, un homenaje a esas vistas increíbles de la Costa da Morte.
Pocos hubieran elegido esa parcela para ubicar una vivienda: una fuerte pendiente de inquebrantable piedra granítica, de tamaño modesto y accesos difíciles en la falda del Monte Pindo.
Pero las vistas determinaron la decisión y también todo el proyecto.
La cubierta de teja plana y a dos aguas cuenta con mucha pendiente para la evacuación rápida del agua.
Con unas increíbles vistas al Atlántico, el proyecto se encuentra a medio camino entre casa mirador y casa de aldea, aunando lo mejor de ambas. “Los propietarios son una pareja joven que pasa las vacaciones en la zona, contaba con una pequeña construcción en la zona y buscaba algo mayor. La finca desde luego era mala para construir y determinó la singularidad de la vivienda. No querían algo muy grande pero sí que tuviera riqueza espacial en el interior, una casa de disfrute con grandes vistas, terraza y que en cierta forma manifestara su cariño hacia la zona, la aldea y lo tradicional”, explica Iván Andrés, del estudio de arquitectura Arrokabe, encargado del proyecto. La vivienda no está asentada en la roca, sino que se eleva sobre ella a través de una gran losa de hormigón. Ésta se apoya mínimamente en la roca con unos pilares que se van estrechando conforme llegan al suelo, “como una especie de insecto que se acomoda en sus patitas”, y que recuerda a los tradicionales hórreos de la zona. La estructura principal del proyecto se construyó en el taller de un carpintero y se montó sobre la losa en tres días gracias a una pequeña grúa.
Los pilares sobre los que se asienta la casa sobre la roca se van estrechando conforme llegan al suelo para que el impacto en el terreno sea mínimo.
En la fachada, unos paneles corredizos esconden las ventas y terrazas cuando es necesario, dando a la vivienda una imagen abstracta, más parecida a una nave.
Madera que parece granito
Es curioso cómo la vivienda, que desde luego no cuenta con un diseño tradicional ni se ha construido con las rocas graníticas propias del resto de la aldea, está totalmente integrada en el entorno. Ayuda su fachada de madera termotratada, que no necesita ningún tipo de acabado y que, a pesar de la climatología de la zona, no tendrá problemas de pudrición o cualquier otro que pueda menguar su durabilidad.
“Es una madera que va cogiendo un gris muy parecido al de terreno conforme pasa el tiempo. Cuando la utilizamos, es importante explicar a los clientes que la casa no va a ser como el primer día que la ven, sino que se seguirá fundiendo con el entorno”, añade Andrés.
La madera termotratada torna gris con su exposición al exterior, un color que acerca la vivienda al resto de edificaciones de la aldea, de piedra granítica, y la integra en el entorno.
Minuciosa y sutil
La planta de la casa, con 107 metros cuadrados útiles, es un pentágono regular, con dos añadidos al este de donde salen los miradores al mar.
En el centro de la vivienda, una gran columna vaciada de hormigón alberga la escalera y permite a la edificación ganar en altura, con la consiguiente ganancia en sensación espacial. “Los techos pasan de 2,23 metros a 5,43 en su parte más alta, donde se encuentra la habitación principal”, explica Iván Andrés.
Toda la estructura principal de la vivienda se realizó en el taller de un carpintero y se montó en apenas tres días sobre la losa de hormigón.
Todo ha sido pensado minuciosamente, desde lo más grande hasta lo más sútil. Como la fachada que da a la carretera, que quiere recordar a las antiguas edificaciones indianas, con ese pico central saliente.
O el toque de amarillo en la cocina y algunos muebles, que se eligió por la flor de los torxos, una planta muy dura y con pinchos característica de la zona.
La columna de hormigón central ha permitido ganar más altura en los techos, con la consiguiente sensación de riqueza espacial. Los techos han sido revestidos de fibra de celulosa, un material que además de tener un aspecto natural, aporta un gran confort acústico.
Desde Arrokabe aluden a un “acuerdo entre contrarios” que no nos puede parecer más adecuado. “Por un lado, la casa, elevada y con grandes terrazas, tiene una clara vocación de mirador hacia el mar. Por otro, podría pasar por una vivienda más de la aldea. No niega que es una invitada, pero es respetuosa con el entorno. Tiene una geometría singular, pero no se ve como algo extraño. Es pequeña pero con gran sensación espacial dentro…”, explica Iván Andrés. Una edificación honesta y pulcra que habla del territorio en el que se asienta desde el hoy.
En la fachada que da a la carretera se han incluido detalles que quieren recordar a las antiguas casas de indianos de la zona, como ese pico saliente central del que se asoma la ventana de la habitación principal.
Aunque la orientación de la vivienda se eligió por las vistas y no para la ganancia solar, la casa es completamente estanca y sellada, con un sistema de recuperación de calor y ventanas de castaño de triple vidrio.
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