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El hotel Palace de Madrid (re)estrena fachada: sí, todo eso estaba allí y no lo sabíamos
Tras un año de remodelaciones, el hotel Palace de Madrid presenta la rehabilitación de su fachada, el primer paso de una renovación integral que devolverá el esplendor original a este edificio del Paisaje de la Luz que es para los madrileños mucho más que un hotel.
La nueva vieja fachada del hotel Palace de Madrid. ya se anticipó a todos nosotros y a los grandes hoteleros que han convertido Madrid en la ciudad más deseada del momento. Supo que era un gran destino y que necesitaba un hotel a la altura. Por eso en 1912, seis años después de su boda, mandó levantar uno que pudiera acoger a toda la realeza del Viejo Continente a la imagen y semejanza de los más lujosos belgas y franceses del momento.
Se eligió como emplazamiento el palacio de los Duques de Medinaceli, en el paseo del Prado, y se construyó el edificio más grande de la época, con un total de 800 camas y todas las comodidades contemporáneas, teléfono y agua caliente incluidas. Lo llamaron hotel Palace y se coronó con una cúpula, que a día de hoy sigue siendo una de sus principales señas de identidad.
Después de más de un siglo de historia, el hotel Palace, además de una referencia hotelera, no ya en Madrid, sino en toda Europa, forma parte del Paisaje de la Luz de la Humanidad por la UNESCO, y de la memoria colectiva de los madrileños.
Desde su apertura ha vivido varias renovaciones (la última en 1993), pero ninguna tan ambiciosa como la que ahora ha restaurado por completo su emblemática fachada, de 8.000 metros cuadrados (7.000 en su cuerpo superior y 1.000 en el inferior), y continuará con el interior de la propiedad, desde las habitaciones hasta los espacios comunes.
Un proyecto artesanal y tecnológico
Miguel Díaz, de Ruiz Larrea Arquitectura, ha liderado esta primera fase del proyecto, que ha durado más de un año. Un proyecto “totalmente basado en los datos históricos”, como explica Díaz, que asegura que lo que se buscaba no era ”dejar nuestra huella, sino recuperar la impronta del edificio”.
Para ello han necesitado consultar más de cuarenta fuentes documentales para tomar las decisiones adecuadas, según explica el arquitecto, teniendo en cuenta tanto los proyectos (que no siempre acabaron realizándose y fueron modificando sobre la marcha), como las fotografías de diferentes épocas, buscando indicios de las diferentes épocas en el estilo de la ropa, los coches o los elementos de arquitectura urbana, las farolas, el tranvía…
Si algo destaca el equipo es que ha sido un enorme reto, al tratarse de un edificio protegido con la máxima categoría (BIC), pero a la vez increíblemente emocionante, ya que ha tenido que ir actualizándose día a día y metro a metro.
Miguel asegura que ha estado la mayoría del tiempo sobre el andamio. Tomando decisiones centímetro a centímetro y trabajando mano a mano con escayolistas, forjadores, canteros, vidrieros, herreros y restauradores, “porque lo que valía para un sitio no valía para otro”.
Combinando la precisión artesanal con técnicas científicas avanzadas, se han recuperado los colores, detalles ornamentales, ménsulas, hornacinas, y estructuras arquitectónicas originales, como la piedra caliza original, y se ha eliminado el almohadillado.
La gran noticia llegó con la aparición de los pigmentos en la fachada al estudiar las diferentes catas, revelando el revestimiento original de The Palace Hotel, Madrid: "un color beige para las superficies planas que procura simular la piedra caliza y un marrón rojizo para los adornos, que trata de imitar la terracota".
restauración de las guirnaldas y decoración floral ha permitido redescubrir detalles olvidados bajo capas de pintura. Ahora el Palace no solo tiene estrellas, sino olas de mar, granadas, uvas, manzanas, hojas de laurel y luce más que nunca con sus farolas isabelinas recuperadas (27 nuevas). Si Alfonso XIII levantara la cabeza… estaría orgulloso de su Palace.
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