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Una reforma con mucho amor ha transformado esta casa de montaña en un romántico escondite de estilo nórdico-aragonés
Con vistas a los Pirineos y mucha madera, no hay quien reconozca esta casa de montaña abandonada durante años que muda su decoración con el cambio de estación.
El interior de la casa, con las mejores vistas a las montañas. Una casa de montaña donde perder la noción del tiempo.
Repanchingado en un sofá de corte nórdico en el interior de esta casa de montaña en el Pirineo Aragonés no se le puede pedir más a la vida. Fuera, la imagen de una cumbre aún nevada y rodeada de abetos. Dentro, el mismo confort que en un piso de Nueva York. Aquí el paisaje cambia más que en otros lugares y las ventanas sirven de marco para una decoración que muda como los escaparates, con cada estación.
La cocina, de madera hecha a medida.
Nadie creería hoy que esta casa donde uno pierde con facilidad la noción del tiempo estuvo abandonada durante años y que ha vivido una prodigiosa metamorfosis gracias al cariño y la dedicación del estudio de arquitectura y diseño ba-rro, formado por Marta Badiola y Jorge Pizarro, que ha llevado a cabo una rehabilitación integral.
El exterior de la casa, que conserva el aspecto típico de la zona. En el exterior nada ha cambiado. O, al menos, eso parece. Los mismos materiales y la misma estética del conjunto de viviendas de su alrededor, la arquitectura tradicional alpina típica de las casas de alrededor, con fachadas de piedra, tejados de pizarra y revestimientos de madera color ceniza. Pero, lo cierto es que para llegar hasta aquí se ha llevado a cabo una (invisible pero concienzuda) reconstrucción de la cubierta y se ha mejorado la envolvente térmica para proteger de las altas temperaturas de los meses más blancos con la mayor eficiencia.
La entrada también se ha desplazando a un lateral, a través de una pasarela de tramex que se eleva sobre un florido jardín, en verano, y la nieve, en invierno.
Funcional y sobria, la cocina con aire nórdico.
La casa por el tejado
En cuanto a la distribución de sus 140 m2, divididos en dos pisos, en este caso se ha optado por una solución poco convencional, colocando en la planta alta los espacios comunes –salón, cocina y comedor–, dominada por un gran ventanal que incorpora el paisaje del Pirineo, para dejar en la planta baja los espacios más privados: los cuatro dormitorios y sus respectivos baños.
Una chimenea geométrica y muy contemporánea.
En todos los espacios la madera tiene el protagonismo, tanto en el pavimento, en su estado original, como en los techos y los paramentos verticales. En la reforma se ha empleado una combinación de nogal, que sirve, además, de puente entre el exterior y el interior, y abedul, que favorece la luminosidad. La cocina, hecha a medida, como muchos de los muebles, diseñados por el propio estudio, también está del mismo material y tiene también una clara inspiración nórdica.
Siguiendo con la misma gama cromática, para el pavimiento se optó por un porcelánico color teja que aporta calidez tanto cromática como térmica. En el interiorismo se han elegido piezas sencillas, colores neutros y ningún ornamento. ¿Quién quiere cuadros teniendo estas ventanas?
El salón, con vanos abiertos en el techo para disfrutar más de la luz.
El exterior de la casa, donde se han utilizado materiales típicos de la arquitectura de la zona.
Vista de la escalera que comunica las dos alturas de la casa.
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