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¿Te sumergirías en un Cubo Azul? Descubre la fascinante instalación de Rachel Valdés
La artista cubana Rachel Valdés presenta en el Gary Nader Sculpture Park de Florida su obra ‘Cubo Azul’, una instalación concebida como espacio de introspección y percepción expandida con el color azul como hilo conductor.
“Cubo Azul”: la fascinante instalación de Rachel Valdés aterriza en Florida. © David Zamora
¿Alguna vez te preguntaste por qué el cielo es azul? Porque este color es la frecuencia de la luz que se dispersa más fácilmente en la atmósfera terrestre. Es lo que se conoce como dispersión de Rayleigh, un fenómeno que tiñe el horizonte, el infinito y lo inalcanzable. Paisajes físicos y emocionales en los que el color azul resuena como sinónimo de introspección, calma y nuevos caminos hacia lo trascendental. Las mismas sensaciones que la artista Rachel Valdés experimentaba bajo el cielo de La Habana hace unos años y cuya elipsis se convirtió en la creación del “Cubo Azul”.
"Esta obra nació como una respuesta a una inquietud personal y sensorial que me ha acompañado desde siempre: la necesidad de crear ambientes y objetos puestos en función un espacio, para a través de estos, poder experimentar la realidad de una forma distinta”, cuenta Rachel a AD España.
Una fascinante instalación presentada por primera vez en La Bienal de La Habana en 2015 y que aterriza estos días en el Gary Nader Sculpture Park de Florida. La mejor muestra de escapismo en un mundo que busca abrazar lo expansivo, más que nunca.
El “Cubo Azul” de Rachel Valdés: un hechizo cromático llega a Florida
12 Bienal de La Habana, Cuba 2015
Rachel Valdés Camejo
El azul es un color que rara vez encontramos en la gastronomía o incluso en la propia naturaleza, más allá del mar o el cielo. Desde tiempos ancestrales, el azul estuvo limitado a los mantos de las vírgenes, joyas como el lapislázuli - la piedra más cara del mundo - o codiciados pigmentos como el ultramar, el mismo que Rachel ha utilizado en su “Cubo Azul”.
“Este color tiene una fuerte carga histórica y simbólica. En el Renacimiento, este pigmento era uno de los más valiosos y reservados para las representaciones sagradas, lo que le otorgó un significado de trascendencia y misticismo”, nos cuenta Rachel. “Más adelante, artistas como Yves Klein lo exploraron en su búsqueda de lo inmaterial. En un sentido más amplio, el azul ha sido asociado con la espiritualidad, lo infinito y lo inalcanzable, cualidades que han sido siempre de interés en mi práctica artística, por eso quizás lo suelo utilizar bastante.”
MIGUEL.A.MEANA.
Quizás siguiendo aquella cita de Goethe al referirse al azul como un color “que no te persigue, sino que te arrastra”, Rachel siguió durante aquellos años frente al Caribe todos los azules que suponían una extensión de su propio cuerpo hasta llevarla a abrazar su destino: ”siempre me ha interesado el ejercicio de la observación, dedicaba mucho tiempo a contemplar mi entorno, solía sentarme muchas veces junto al mar, en el malecón de La Habana, lugar donde construí mentalmente muchas de mis piezas, y años después, cuando tuve la oportunidad de participar en La Bienal de La Habana, entendí que ese era el lugar exacto donde debía materializar mi visión”.
El “Cubo Azul” es una estructura de contención y expansión al mismo tiempo: un espacio en el que los espectadores puden sumergirse en una atmósfera monocromática y experimentar la disolución del entorno, tal como Rachel lo había sentido años atrás.
David Zamora
“En mi trabajo, el azul funciona como un estado de inmersión, un umbral hacia una percepción expandida de la realidad. La teoría del color de Goethe, a diferencia de la de Newton, no se basaba solo en la física de la luz, sino en la percepción y la psicología. Él argumentaba que los colores son fenómenos generados por la interacción entre la luz y la oscuridad, y que tienen un impacto emocional y cognitivo en quien los percibe.”
En el “Cubo Azul”, esta teoría se manifiesta de forma involuntaria en el espectador: al entrar, se elimina la presencia de otras tonalidades, y la visión queda dominada exclusivamente por el azul. Sin embargo, al salir del cubo, la retina, en un fenómeno de adaptación cromática, genera una postimagen del color opuesto en el círculo cromático: el naranja. Durante unos segundos, el azul desaparece del campo visual y deja paso a su opuesto, como si el color permaneciera dentro del ojo, resistiéndose a desaparecer.
12 Bienal de La Habana, Cuba 2015
Rachel Valdés Camejo
Para Rachel, este fenómeno tiene una lectura interesante: “la percepción no es solo un reflejo pasivo del mundo exterior, sino una construcción activa del observador”, nos cuenta. "Lo que ves al salir del cubo no es la realidad, sino una interpretación que tu cerebro está generando en tiempo real.”
Rachel Valdés
El “Cubo Azul” fue presentado por primera vez en la XII Bienal de La Habana 2015 y, desde entonces, ha estado ubicada de forma permanente en el Castillo de San Salvador de La Punta. Con el tiempo, la obra ha evolucionado en su significado y alcance, estableciéndose como un templo de percepción, un espacio en el que la geometría, la luz, el color y el reflejo transforman la experiencia del espectador y su relación con el entorno.
Estas semanas, el “Cubo Azul” llega al Gary Nader Sculpture Park de Florida, un nuevo escenario que insufla nuevos simbolismos a la obra.
“La percepción de una pieza en el espacio nunca es absoluta, sino relativa a su entorno. En el Malecón de La Habana, dialogaba con el horizonte marino, fusionándose con los azules del cielo y del agua. Allí, la obra funcionaba como un dispositivo de enmarcación”, cuenta Rachel. “Sin embargo, al trasladarse a un parque escultórico en Florida, su significado se transforma. La relación con el mar desaparece, y con ello cambia su función perceptual, por lo que la obra deja de ser un marco del horizonte y se convierte en un volumen autónomo en el paisaje. Aquí, el “Cubo Azul” ya no delimita la inmensidad, sino que invita a experimentar la sensación de inmersión total en el color.”
David Zamora
Un ejercicio de escapismo que abraza la unión entre física y emoción a la que nos retrotrae un color azul que busca nuevos lugares donde renacer, especialmente en un planeta algo más gris en estos días.
Ante esta ilusión cromática, le preguntamos a Rachel si un mundo enteramente azul sería mejor, una certeza de lo más relativa:
“El azul es un vehículo para la contemplación, la expansión de la percepción y la conexión con lo inmaterial, pero su poder radica en su relación con el resto del espectro. La vida es una composición de contrastes, de interacciones entre luz y sombra, entre colores complementarios, entre presencia y ausencia”, nos cuenta. “Por eso, un mundo enteramente azul no sería mejor. Sería más simple, más homogéneo, pero también más limitado. El azul necesita de otro color para existir plenamente, así como nuestra percepción necesita diversidad para ser significativa.”
David Zamora
Con la llegada a Florida de este nuevo protagonista, queda confirmado que el azul, al igual que las personas, las emociones y los lugares nunca se mantiene estático y siempre evoluciona. Pero en todas sus versiones, del cielo a un cubo icónico, del mar Caribe a los sentimientos que afloran en quien contempla un atajo cromático, el azul siempre nos arrastra detrás de él.
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