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Pisos pequeños: este apartamento de 55 m2 en una última planta saca provecho de sus imperfecciones (y de las múltiples claraboyas del tejado)
La decoradora, escenógrafa y coleccionista, Marie-Anne Derville, convierte este apartamento bajo el alero de un edificio, en un modelo para pisos pequeños donde trabajar, vivir y disfrutar de la luz del cielo parisino.
Sobre una consola de Christian Duc de 1986, el cartel de una exposición de Cy Twombly en la Galerie Karsten Greve. Delante, una silla neoclásica de Anton Rosen, de 1910. A la derecha, en la pared, fotografía Berlin Living Rooms de Dominique Nabokov.
Pisos pequeños: un refugio de marfil de 55 m2 tan imperfecto como encantador
Imagina uno de esos pisos pequeños con habitaciones de techos abuhardillados, imperfecto, pero absolutamente irresistible. De uno de ellos, con una superficie de 55 m2, se enamoró la coleccionista, decoradora y escenógrafa Marie-Anne Derville: “Llevaba mucho tiempo buscando y me encontré con esta pequeña joya, rara, porque es de todo menos clásica. Un último piso muy parisino, bajo el alero, sin vistas, con una increíble cantidad de espacio e inundado de luz gracias a las claraboyas y las ventanas del tejado” dice la propietaria.
“Este lugar me ayuda enormemente a trabajar, tengo la impresión de estar al aire libre, rodeada de luz y de cielo". Después de encontrar su paraíso particular en la ciudad de la luz, Derville tuvo que reformarlo por completo con la ayuda del arquitecto de interiores Régis Larroque, que reestructuró el espacio para crear volúmenes limpios a pesar de la imperfección original. Hoy sigue siendo "enrevesado, las paredes están torcidas", dice divertida, pero las líneas son más ajustadas y la distribución se ha optimizado con la creación de un salón/cocina/estudio diáfano y, por otro lado, una estancia, mitad antesala, mitad vestidor, "que no sirve para mucho" más que para crear un respiro ligeramente lujoso entre el espacio principal y el dormitorio.
En torno a una mesa de Carlo De Carli de 1963, sillas de Chiavari, de 1830 (todas de Galerie Le Studio).
Una pequeña torre de marfil
El piso está acabado en un blanco lechoso ligeramente cálido —el dormitorio y el vestidor en un tono más malva— y la moqueta en los mismos tonos tranquilizadores y confortables, creando una base neutra para los muebles que están en el corazón del trabajo de Marie-Anne Derville. Las paredes, con pintura de Mériguet-Carrère, tienen un tono ligeramente rosado que cambia con la luz. La textura aterciopelada crea una estética tranquila que contrasta con la chimenea de metal patinado de Ateliers Bataillard. La cocina, por su parte, está rematada con piedra proveniente de Italia...
“Hay un aire de torre de marfil a pequeña escala en este piso de la última planta, es muy acogedor, como un palacete. Una casita de princesa, que recuerda a los castillos de los juegos de infancia que también impregnan mi obra... Y este lugar me da la impresión de que puedo jugar”.
Sobre la chimenea de bronce de Ateliers Bataillard, diseñada por Marie-Anne Derville en 2019, una fotografía de Bob Colacello, de 1976. Al lado, un pedestal de imitación de mármol de 1940. Delante, una silla Chair01 de Marie-Anne Derville, de 2023, en la galería Giustini/Stagetti. A la derecha, un par de mesas auxiliares de Tahn Le de 1950 y una butaca de los años 40 con tela de rayas. En la pared, un cuadro de Hadrien Jacquelet de 2014.
Sobre la chimenea de bronce, Marie-Anne Derville, 2019, fotografía de Dominique Nabokov, salón de Yvon Lambert (del libro Paris Living rooms, publicado por Assouline, 2002). Delante, una mesa de centro de Jean-Michel Frank. A la izquierda, un pedestal de falso mármol, 1940.
Un eclecticismo escogido
Aquí, los muebles art déco se codean con piezas de los años 80, y los muebles suecos Grace conversan con piezas del periodo Luis XIV. Marie-Anne Derville también reúne obras de sus artistas vivos favoritos, el pintor Hadrien Jacquelet, los fotógrafos Dominique Nabokov y Bob Colacello y su prima Laure Prouvost. Se rodea de aquellos que más la inspiran, con carteles de Cy Twombly, Walter de Maria y dibujos de Bernard Boutet de Monvel... Sobre su escritorio, hay una montaña de libros. Los colecciona.
La relación especial que entabló con la galería Dina Vierny durante la exposición Chez Dina Vierny, que montó y comisarió hace unos meses, fue una gran fuente de inspiración para ella y le permitió acceder a importantes obras de Matisse y Poliakoff, que durante un tiempo, forman parte de a su decoración.
Marie-Anne Derville adora este pequeño y encantador piso, un poco desvencijado y lleno de claraboyas; "Es el primer lugar que refleja mi imagen. También es un sitio de paso y de transición, estoy impaciente por crear otro, más grande, que abra una nueva página. Porque siempre hay páginas nuevas... en eso consiste este trabajo".
Sobre un mueble de Axel Einar Hjorth, de hacia 1930, una caja de Christofle, 1980. Delante, un sillón de André Arbus, de los años 40.
En su estudio hay una montaña de libros y, sobre ella, un pequeño altillo. Delante, una lámpara de pie de escayola, de 1940.
La cocina es minimalista, con piedra italiana. Arriba, un jarrón de escultura italiana de los años 40 y un grabado de Anna-Eva Bergman.
Sobre una arqueta italiana del siglo XVII, detaca el cartel de Cy Twombly para Yvon Lambert. En la pared de la izquierda, una fotografía de Dominique Nabokov, Living Room de Fernando Sánchez (del libro New York Living Rooms).
Sobre un taburete de Pierre Chareau de 1930, en la Galerie Maxime Flatry, una lámpara Daphine de Lumina. En la pared, Nature morte au bouquet d’anémones, un carboncillo sobre papel firmado por Matisse en 1935 procedeente de la galería Dina Vierny.
En el baño, cuencos de plata de Buccellati y una bandeja art déco de laca negra.
La coleccionista, decoradora y escenógrafa Marie-Anne Derville en un banco Directoire, en Marie Haour. Hasta el 29 de marzo presenta una colección de muebles en la galería de diseño italiano Giustini / Stagetti, Via Gregoriana 41, Roma.
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