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Clásico renovado: un arquitecto conserva la esencia de los años 60 en esta casa sofisticada con diseño ‘vintage’ y el truco estrella para flexibilizar espacios
Preservar un vínculo con el pasado. Esa es la filosofía de STUDIO18MILANO, que da una vuelta de tuerca a un piso tradicional de los años 60 para convertirlo en un hogar sobrio que rezuma elegancia y calidez a partes iguales.
En el comedor, un biombo vintage y delante, la mesa Olimpino de Ico Parisi para Cassina, rodeada de las sillas vintage diseñadas por Willy Rizzo para Mario Sabo y tapizadas en terciopelo de Rubelli. A la derecha, una lámpara de los años 70 adquirida en un anticuario de Berlín.
Un apartamento de los años 60 de 110 m2 se convierte en un hogar atemporal sin perder un ápice de su esencia. El estilo es sobrio y envolvente, con materiales cuidadosamente elegidos y detalles volumétricos que revelan una fuerte sensibilidad por el espacio. El ambiente recuerda a una casa tradicional de los años 60, con parqué y carpintería oscura, animado, en cada rincón, por piezas vintage escogidas cuidadosamente.
En estos 110 metros cuadrados, la memoria emerge silenciosa y se convierte en proyecto, reviviendo la historia con una continuidad natural a base de materiales naturales y sofisticadas paletas de colores.
STUDIO18MILANO, un estudio creativo que combina estética y ética cuyo punto fuerte reside en su capacidad para mezclar armoniosamente elementos clásicos, contemporáneos y vintage, creando espacios que cuentan una historia en constante evolución.
Una vista del salón amueblado con el sofá Charles de Antonio Citterio para B&B Italia, la butaca Sandwich de Giampiero Vitelli & Titina Ammannati para Brunati y una estera vintage bereber adquirida en Golran.
En el lado del sofá, la mesa de centro T9 de Luigi Caccia Dominioni para Azucena con una selección de pequeños bustos.
Detalle del salón con la mesa de centro 777 de Afra y Tobia Scarpa para Cassina.
La entrada y el pasillo son el punto focal de la casa: por un lado, el revestimiento de madera de arce teñida retoma el tono de los antiguos marcos de las ventanas del salón, mientras que las puertas plegables de Dooor de la derecha permiten cerrar la zona de noche y la cocina si es necesario.
Recuperar las viejas costumbres
La vivienda se encuentra en un edificio de principios de los años 60, un legado que el equipo liderado por la arquitecta Viola Simoncioni, ha sabido conservar hábilmente. Cada intervención se diseñó para mantener intactos los elementos que cuentan su historia, sin alterar su identidad.
"Trabajamos con el deseo de no distorsionar la esencia de la época, preservando un vínculo natural con el pasado", explica Simoncioni, que ha trabajado en el pasado con figuras de la talla de Claudio Silvestrin y David Chipperfield.
Un elemento importante ha sido el pasillo, a menudo olvidado, que aquí revive con un encanto que recuerda a las casas antiguas, con el tradicional vestíbulo que da la bienvenida y orienta el espacio.
Sin embargo, la situación antes de la reforma no era exactamente así: "Cuando llegamos a esta casa", nos cuenta, "la entrada era bastante tortuosa, quizá había sido modificada anteriormente, pero no de una manera radical. En lugar de un pasillo clásico, como cabría esperar en una residencia de estas características, había una serie de antesalas dispuestas una tras otra.
Personalmente, el clásico pasillo con aberturas a izquierda y derecha, que mucha gente tiende a no apreciar, es algo que encuentro sumamente fascinante".
Otra perspectiva del salón, con el sofá Charles de Antonio Citterio para B&B Italia, el sillón Sandwich de Giampiero Vitelli & Titina Ammannati para Brunati, las mesitas de madera del modelo 195 777 de Afra y Tobia Scarpa para Cassina y, en la pared, los apliques Saori creados por Kazuhide Takahama para Nemo.
Junto al sofá, la colección de objetos decorativos de latón del propietario y una lámpara vintage.
La cocina a medida gana con su sencillez y recupera los tonos presentes de la vivienda, con muebles superiores en tonos neutros, mientras que los muebles bajos están realizados en el mismo acabado que en la entrada para crear una sensación de continuidad.
El rincón de desayuno con una mesa tipo bistrot con piezas cerámicas de Astier de Villatte encima, y sillas de la Maison L.Drucker.
Espacios amplios y flexibles
"El cliente —un director artístico que trabaja en el mundo de la moda— quería que la casa transmitiera inmediatamente una sensación de amplitud", explica Simoncioni. "La necesidad era, por tanto, entrar en un espacio generoso, en lugar de encontrarse con habitaciones pequeñas y separadas. Así que ideamos una solución que mantuviera los espacios abiertos y fomentara la comunicación entre la cocina, la entrada y el salón, pero que también permitiera cerrar las estancias cuando fuera necesario".
La idea era resaltar ciertos puntos arquitectónicos mediante detalles puntuales, por lo que el estudio decidió revestirlos con madera de arce lisa a toda altura, teñida en un tono que recuerda al de las antiguas instalaciones del salón, especialmente apreciadas por el cliente.
Si en el lado del salón el material parece compacto, en el lado de la cocina, incluido el cierre frontal que aísla la zona cuando es necesario, el efecto cambia.
La gran puerta plegable de Dooor aporta una ligereza ondulante que enriquece el conjunto con un efecto sugestivo.
Las ondas de color crema claro recuerdan a las de las cortinas de la ventana del salón, con una diferencia: una es más transparente y la otra opaca. Al ser tan similares, crean un pliegue que se repite, manteniendo un efecto de continuidad y armonía visual.
El dormitorio principal, con paredes y armario revestidos de papel pintado de rafia de Mark Alexander. La cama se enriquece con el cabecero de boiserie más gruesa, un detalle que aporta una discreta elegancia. Una alfombra Tulu vintage, adquirida en Golran, completa la habitación. Sobre las mesilas, lámparas LTA6 Porcino de Luigi Caccia Dominioni para Azucena.
Un hilo conductor coherente
A la derecha del salón, la cocina, diseñada por el estudio, se caracteriza por su refinada sencillez, con muebles superiores de color claro y otros con un acabado que recuerda a los elementos de madera del salón. Esta yuxtaposición crea un hilo material y cromático que une toda la vivienda y añade un toque de continuidad visual y calidez, sin renunciar a la funcionalidad.
El mismo planteamiento se encuentra en el dormitorio principal, donde el panelado, de mayor grosor, actúa a modo de cabecero de la cama. En el lado opuesto, un gran armario hecho a medida se funde armoniosamente con la pared, ambos revestidos con papel pintado de rafia de Alexander Lamont. La segunda habitación, utilizada principalmente como estudio y, en caso necesario, para alojar a los invitados, está amueblada con piezas de carácter atemporal, como una librería danesa de los años 60, la mesa Tulip de Eero Saarinen para Knoll y dos sillas Superleggera de Gio Ponti para Cassina.
El estudio, amueblado con la mesa Tulip de Eero Saarinen para Knoll con dos sillas Superleggere de Gio Ponti para Cassina y una lámpara vintage de la época Bauhaus firmada por Marcel Breuer.
Un detalle de la librería danesa vintage de los años 60 de la segunda habitación, que funciona como zona de trabajo y dormitorio de invitados.
Sobre la mesa del comedor, una colección de jarrones vintage junto a otros de la colección diseñada por Peter Marino para Venini.
Detrás de la silla, dos obras de 2501 (Jacopo Ceccarelli, Milán, 1981), uno de los artistas italianos más importantes del arte urbano actual.
Clásicos del diseño, madera oscura y tonos claros
El mobiliario también está armoniosamente orquestado, basta con ver el comedor amueblado con la mesa Olimpino de Ico Parisi para Cassina y las sillas vintage de Willy Rizzo para Mario Sabo, retapizadas con terciopelo de Rubelli, y dos lámparas descubiertas en un anticuario de Berlín. Piezas tan importantes como las elegidas para el salón: el sofá Charles de Antonio Citterio para B&B Italia de finales de los 90, el sillón Sandwich de Giampiero Vitelli & Titina Ammannati para Brunati y las mesas de centro de madera 777 de Afra y Tobia Scarpa para Cassina de 1965.
Un detalle del lavabo con el espejo vintage y a un lado dos apliques Blade de Baxter. La grifería de Mamoli es un diseño de Gio Ponti.
La ducha está cerrada por una mampara acanalada que se hace eco del motivo de la casa.
Una casa con buena onda
El cuarto de baño se replanteó por completo. Se trataba de un espacio estrecho y alargado, con azulejos de colores inciertos tirando al azul o al berenjena y una bañera pegada a la pared.
"La reforma supuso un cambio radical. La bañera dio paso a una amplia ducha, colocada al fondo para aprovechar al máximo la planta. Para garantizar la máxima comodidad, también se insertó un banco a lo largo de uno de los laterales. Un cristal acanalado delimita la zona de ducha, ofreciendo intimidad sin sobrecargar la estancia".
Bien mirado, sigue la onda que anima la superficie de toda la casa, como queriendo recordar el ritmo de las puertas plegables y el movimiento fluido de las cortinas del salón. Un juego de referencias visuales y conceptuales que, combinado con el corte volumétrico fuertemente arquitectónico, confiere al piso una identidad dinámica y armoniosa.
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