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Amarás esta casa de vacaciones en Córcega donde el brutalismo y el estilo de los años 60 abrazan el paisaje
En el sur de la isla de Córcega, esta casa de vacaciones de los años 60 alcanza nuevas cotas de belleza gracias a la mano de la interiorista Chloé Nègre. Las vistas a la playa y al paisaje hacen el resto.
El salón ofrece un espíritu sesentero, con dos sofás Togo en verde bronce, de Ligne Roset; un sillón vintage de mimbre; una mesa de centro, de Roger Capron; y un jarrón de cerámica de Vallauris, de los años 60.
En esta casa de vacaciones en Córcega se ha hecho todo lo posible para abrirla a su entorno. Al final de una pequeña calle, al fondo del todo, se ve un bloque de hormigón blanco sin aberturas. Imponente y bañada por el sol de la mañana, la casa que intuimos evoca esas villas de la zona de Florida, en Miami, de los años 70. Pero no estamos en la Costa Este de Estados Unidos, sino en el sur de Córcega, a pocos metros de una playa paradisíaca. A medida que nos acercamos, la mole brutalista va adquiriendo textura y personalidad. Al cruzar la puerta de entrada, todo cambia de repente: la construcción, que desde la calle se ve cerrada y privada, en el interior se entrega al paisaje y al mar con grandes ventanales.
Fue esta contradicción entre volumen y ligereza lo que sedujo a Chloé Nègre.
La estructura de hormigón descansa sobre una cresta de piedra seca, lo que confiere a la villa un encanto irresistible.
El paisaje, lo que de verdad importa
La diseñadora de interiores, enamorada de la isla, donde pasaba las vacaciones de niña con sus abuelos, ha trabajado para devolver a este edificio de estilo sesentero su antiguo esplendor, convirtiéndolo en la casa de vacaciones que siempre soñaron sus propietarios. “Cuando entras, descubres una extraordinaria apertura al mar. Es una experiencia sensorial que te permite establecer una relación única con el paisaje”, describe Chloé Nègre, para quien el verdadero reto ha sido preservar la historia preexistente, empezando por la crestería que vemos en los muros de piedra seca, típica de las montañas corsas.
“Hemos hecho todo lo posible para abrirnos al entorno. Los exteriores se han rediseñado para realzar el paisaje”, explica Nègre, que ha optado por materiales naturales como la piedra de pórfido que reviste la terraza.
Las escaleras de mármol de la casa.
Un delicioso rincón con un sofá Togo y, sobre él, la estantería Zig Zag, de Joëlle Ferlande y François Monnet para Kappa Uginox (1971), con un jarrón de Vallauris.
Tradición y volumen
El mobiliario hace hincapié en los colores crudos, como los sofás Togo o los muebles de exterior diseñados por Ronan y Erwan Bouroullec, cuyo verde recuerda a la vegetación circundante.
“Lo realmente bello de esta casa es el contraste entre las líneas rectas del hormigón y los muros de piedra, más tradicionales”, prosigue la interiorista, que ha sabido honrar el estilo de una vivienda que ha permanecido en su estado original durante décadas y, a la vez, ofrecer a sus propietarios las comodidades para la vida moderna. “La decoración se concibió para respetar la identidad de la casa, así que todo se hizo con mucha delicadeza”, explica.
El cuarto de baño, inundado de luz natural, cuenta con piezas vintage, como el aplique, el espejo Zodiac (Bigote) y el taburete.
Toques pop y respeto a los detalles originales
En detalles como los tiradores o los acabados de los cuartos de baño, Nègre ha sabido reforzar de forma discreta la autenticidad de la construcción.
En la zona privada, la interiorista se ha atrevido con referencias más marcadas, como el dormitorio amarillo de estilo pop, con un gran cabecero redondo que nos remite más explícitamente a la época en que se construyó la villa.
En resumen, esta vivienda es, como la describe Chloé Nègre, “un acto de equilibrio”, en la encrucijada entre el respeto por lo existente, el lujo discreto y la reverencia total por el verde de la naturaleza y el azul del mar. Siempre sutil, ella se tomó la libertad de panelar el techo del salón para aportar calidez y evocar el paisaje. El enfoscado de hormigón blanco se trató como antaño –grueso y con textura– para conservar todo el encanto.
“Es un diamante en bruto”, se despide la interiorista.
Toda la casa está cubierta con suelo de mármol; y un tapiz de los años 60 en la pared da calidez.
Un dormitorio pop, oda a los años 60, con armario y cabecero de ratán, ambos hechos a medida por Studio Chloé Nègre, con tela Reflex (Kvadrat), de Raf Simons.
La terraza de pórfido que invita a contemplar el paisaje, gracias a dos tumbonas de HAY, diseñadas por Ronan y Erwan Bouroullec.
A la casa se accede a través de un enorme bloque de porte escultórico; luego, en el interior, este se revela como una ventana al mar.
Las maravillosas vistas de la casa.
La interiorista Chloé Nègre posa para AD en uno de los rincones de la casa que ha renovado, un proyecto que ha sentido muy cercano porque veraneaba de niña en la zona.
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