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Axel Vervoordt ha rediseñado el atrio del hotel familiar más antiguo de Múnich y ahora solo queremos pintar nuestra casa de verde lima
Axel Vervoordt no hace hoteles, a excepción de uno: el Bayerischer Hof de Múnich. Desde hace 15 años, el decorador y coleccionista se ha dedicado a reformar, sala por sala, el interiorismo de este referente alemán. Y su última creación es el colofón del hotel y de su trabajo.
¿El color de tendencia para 2025? El atrio del Bayerischer Hof, recién rediseñado por Axel Vervoordt, tiene un protagonista claro
“Amo todo lo que es real”. Esta afirmación de titular fue el regalo que hizo Axel Vervoordt a AD España hace ya 18 años, cuando visitamos su castillo en Gravenwezel para nuestro sexto número. Han pasado casi dos décadas, pero sus principios no se han movido un milímetro. Prueba de ello es que esta misma frase, casi calcada, nos la ha repetido este verano, mientras tomábamos algo sentados en el recién reformado atrio del Hotel Bayerischer Hof de Múnich. “Me gusta que todo sea real, por eso hemos mantenido un estilo antiguo. Es un hotel que lleva vivo más de cien años y es importante que eso se note".
Una de las habitaciones del Bayerischer Hof rediseñada por Axel Vervoordt
Amante apasionado del arte, coleccionista de antigüedades sin remedio y diseñador de referencia para tantos de los nombres que ahora más suenan, Axel Vervoordt solo trabaja en proyectos que respondan a sus inquietudes. Por eso hace casi exclusivamente viviendas de personas vinculadas con ellas.
Durante toda su carrera solo ha dicho que sí a un hotel: este. Y 15 años lleva transformándolo sala a sala.
La fachada del Bayerischer Hof de Múnich
La historia de Axel Vervoordt y el Bayerischer Hof
Además de haberse convertido en un emblema de la ciudad de Múnich que preside rotundamente la Promenadeplatz, el Bayerischer Hof es uno de los hoteles familiares más antiguos del mundo. Inaugurado en el año 1841 por deseo expreso del rey Ludwig I, el establecimiento fue adquirido por Herrmann Volkhard 50 años después. Desde entonces, ha permanecido en manos de la misma familia.
Innegrit Volkardt, la actual propietaria, es la cuarta generación al mando, y su “reinado”, que se extiende desde 1992, ha venido definido por la modernización y reforma del edificio; y por un marcado interés por el arte.
Hace tres lustros, Innegrit y Axel fueron presentados por unos amigos en común. Después de muchas llamadas de Innegrit y un empujón por parte de sus amistades comunes, consiguieron convencer al decorador para que hiciera una excepción a su regla de hacer únicamente residencias privadas y no trabajar nunca en proyectos públicos. “Todavía no sé por qué dije que sí. Supongo que por hartazgo ante tanta insistencia”, ríe Axel. “Pero, una vez empecé, me apasionó”.
Garden, el primer proyecto de Vervoordt para el hotel
El restaurante Atelier, diseñado por Vervoordt, obtuvo una estrella Michelin en su primer año de vida
La reforma del Palais Keller transpira el estilo de Axel Vervoordt
El primer proyecto de Axel e Innegrit, en 2009, fue el diseño de los restaurantes Garden y Atelier.
Después vinieron el cine, el restaurante Palais Keller, las zonas de eventos Palais Montgelas, la Penthouse Garden Suite, un ala entera de habitaciones y, por último, el Atrium, el corazón del hotel.
Así se ha reformado el Atrio
El Atrio siempre fue una sala majestuosa. Antes de que Vervoordt hiciera su magia, ya era una imponente sala presidida con un techo de 8,5 metros de alto y dominada por una cúpula en tonos turquesa original del siglo XIX.
El cuerpo central del Atrio, con vistas a la cúpula y a la sala de espejos, al fondo. Este elemento identificativo ha sido el punto de partida de toda la reformulación del espacio. Lo que antes era una estancia severa decorada en tonos oscuros y flanqueada por dos gigantescas puertas de espejo en la que este elemento arquitectónico se perdía, de pronto se ha visto invadida por un filtro fotográfico de tonos verdes, amarillos y celestes.
Como anunciaba Axel, los elementos históricos no se han tocado. El trabajo de conservación se ha centrado en su icónica cristalera y en las columnas que salpican las paredes y enmarcan el paso a la Sala de Espejos, a la cual se accede subiendo unas escaleras al fondo de la sala.
El diseño de Vervoordt ha sido ejecutado a nivel local por hombre de confianza en Múnich, Gregor Baur. Bajo esta batuta se ha limpiado el ruido del espacio. Las paredes han sido pintadas de un mantequilla que recupera la luz que se cuela por la cúpula. Un goloso verde lima enmoqueta toda la sala y forra también los sillones, que se han elegido teniendo en mente que fueran fácilmente movibles para aportar flexibilidad a la sala. Esta elección cromática es obra de la mano derecha de Axel: su mujer, May. “Ella siempre se encarga de los colores y de los textiles”.
El mobiliario ha sido diseñado por Axel Vervoordt en colaboración con su mujer, May.
Para Axel, apasionado confeso del mobiliario, la joya de la corona son las mesas de nogal que acompañan los sillones. “Me gustan las cosas que envejecen bien, como esta mesa. No es nueva, pero estoy seguro de que será aún más bonita en dos años o incluso en más”.
El tiempo, para Axel, es un acto de amor. “Es como una pátina que se mezcla con el aire y se posa sobre el material”.
La mesa es diseño y producción de Vervoordt, desde la semilla hasta los acabados. Tanto es así que hasta la madera sale de su propia casa. “Llevo coleccionando madera toda la vida”, explica. “En casa tenemos una habitación más grande que este atrio llena de ejemplares numerados. La llamamos la ‘Sala de Troncos’". Una vez un ejemplar es elegido, pasa al taller. Axel diseña la forma y después escucha a la madera, que es, al mismo tiempo, “jefa y sierva". Declara humildemente que "la madera nunca sigue la forma de mi diseño, soy yo quien sigue a la madera”.
Estas mesas, en concreto, se han diseñado siguiendo el principio de autenticidad del que presumía antes Axel: sin pegamento, haciendo piezas que encajan entre sí como piezas de un puzzle, siguiendo la técnica de la carpintería japonesa.
Las mesas de nogal, la pieza favorita de Axel Vervoordt en este espacio
Las puertas del Atrio
Uniendo todos estos detalles y haciendo que la mirada del visitante se dirija hacia la cúpula está el ingrediente indispensable de todas las obras de Axel: el arte. En este caso, inunda los laterales a través de 16 paneles que componen las puertas murales plegables que sustituyen las antiguas planchas de espejo.
La obra está firmada por el hispano-belga Ángel Vergara. Axel lo descubrió en una exposición al principio del proyecto y se enamoró de su frescura. El artista buscó crear en esta obra monumental, teñida de los colores de la cúpula, como una continuación de su serie ’J’efface, et cela apparaît’, una colección que tiene como protagonistas los cielos azules que ganan abstracción a través de una sucesión de capas de pintura.
En referencia a artistas como William Turner o Claude Monet, “toda apariencia de montañas o nubes es solo una percepción distorsionada”, nos cuenta Vergara. Los 16 paneles, colocados a ambos lados de la sala, juegan con tonos ligeramente distintos para aportar profundidad al espacio.
Vista de las puertas murales, obra del artista hispano belga Ángel Vergara
El arte contemporáneo contribuye a crear un halo de inmortalidad en la sala. “Hemos recogido la historia del edificio, pero también hay que transmitir que es un hotel joven y moderno”, razona Vervoordt. “Mi casa también es así: una casa muy vieja con alma antigua. Pero tengo mucho arte contemporáneo. No podría vivir sin él. Aporta energía nueva y hace que la casa sea atemporal. El arte contemporáneo hace que un espacio esté más allá de las tendencias”.
El trabajo de Axel no termina aquí. Además de los 31 proyectos residenciales que tiene en marcha ("ahora solo aceptamos renovar casas de gente relacionada con el mundo del arte"), va a seguir dejando su huella en el Bayerischer Hof. Próximamente espera terminar dos espacios: una suite panorámica ubicada en la planta 7 y el lobby.
Para ver hasta dónde llega el juego de materiales y épocas de Axel en el espacio más transitado del edificio tendremos que esperar hasta 2025, pero una cosa tenemos clara: todo lo que incorpore será “real”.
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