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Una fotógrafa y experta en Feng Shui encuentra su hogar ideal en 55 m2: esto es lo que hizo para transformarlo (y tú también puedes seguir sus trucos)
Cuando la fotógrafa Theresa Kaindl encontró su apartamento de 55 m2 en Viena, tenía claro que era el comienzo de una nueva etapa de su vida, una fase más relajada donde el Feng Shui’y el color marcaron la pauta.
El luminoso salón con una mesa redonda de comedor y una butaca Wassily. Las grandes ventanas están vestidas con cortinas de suelo a techo de Designs of the Time que Kaindl eligió con la ayuda de su amiga y experta en interiores Fridi Nefe.
Una fotógrafa combina el Feng Shui y un uso inteligente del color para crear su hogar ideal en 55 m2
Convertirse en fotógrafa de moda y viajar por todo el mundo no era la idea que Theresa Kaindl tenía en su cabeza cuando era pequeña. Fue uno de sus profesores quien reconoció su talento y la animó a ponerse detrás de la cámara y ella ha sido su compañera de aventuras en Nueva York, Salzburgo o Berlín y un sinfín de destinos más primero trabajando para la agencia LOOP y más adelante para clientes propios.
Pero entonces llegó la pandemia. Un periodo que Kaindl aprovechó para replantear su forma de vida. Se mudó a Viena, redujo sus viajes y empezó a formarse como terapeuta de Shiatsu... Y encontró su segunda vocación.
“Pasé el confinamiento con mis padres en el campo y me di cuenta de que empezaba a cuestionarme muchas cosas”. La fotógrafa llegó a la capital austriaca por amor, pero después de la ruptura, buscaba un nuevo hogar de un tamaño asequible, lo encontró en este piso renovado de 55 m2, el lienzo en blanco ideal para crear su propio ambiente.
La fotógrafa Theresa Kaindl posa en el salón de su apartamento en Viena.
Feng Shui, visión clara y un poco de ayuda
Theresa tenía las cosas claras, ya contaba con la mayoría de muebles, procedentes de su antiguo domicilio, pero sabía que había que transformar la cocina (quería una de acero inoxidable) y que la vivienda necesitaba más color.
“Conté con el apoyo de mi amiga Fridi Nefe, que trabaja en diseño de interiores aquí en Viena. Vino con su abanico de muestras de tonos, que me ayudó mucho a decidirme”.
Ahora, su vestíbulo, originalmente un poco oscuro, recibe a sus invitados en un suave y acogedor rosa, mientras que la cocina, pintada de un alegre amarillo, aprovecha y multiplica la luz de los grandes ventanales. Para el dormitorio, sin embargo, Kaindl optó por seguir los principios del Feng Shui, que desaconsejan un tono vivo, y se decantó por un calmado tono blanco.
En el salón, sobre la mesita auxiliar, una lámpara vintage de Max Sauze que Kaindl encontró en Galerie Paradis.
La silla Wassily vintage bajo la ventana se compró en Patina Berlin. Al lado, una caja de metal que la propietaria adquirió en un mercadillo de Berlín sirve de soporte para libros.
Kaindl ya contaba con piezas procedentes de sus anteriores hogares, como el sofá Twin de Formela Berlin y la mesa de mármol vintage de Studio Boleh. En la pared, una obra de arte de Thomas Schrenk, artista al que conoció tras trasladarse a Viena.
En la pared, uno de los pósters de la primera exposición de la fotógrafa. Un estilo ecléctico y personal
“Creo que también es un arte hacer que algo menos caro, sin grandes marcas, siga pareciendo de alta calidad y con estilo”, reflexiona la dueña de la casa sobre los aprendizajes de su carrera como fotógrafa, que ahora aplica en su filosofía de estilo. Las mezclas entre lo viejo y lo nuevo, la lámpara de Tommaso Barbi que encontró en tiendas como Salotto Collective y algún que otro clásico del diseño, se entremezclan con obras de artistas contemporáneos como Thomas Schrenk, al que conoció poco después de mudarse a Viena, o sus propias fotografías, como la hermosa imagen de una bailarina resplandeciente, Die leuchtende Frau im Wasser, (la mujer luminosa en el agua) que mostró en su primera exposición Between Worlds y que ahora ocupa un lugar de honor en el salón.
La foto enmarcada sobre la cómoda, que la propietaria encontró en un rastro, es una de sus obras.
Kaindl encontró la lámpara dorada de Tommaso Barbi de los años 70 en Salotto Collective, una de sus tiendas favoritas de Viena.
¿Próxima parada? Quién sabe…
“Estoy increíblemente agradecida por mi trayectoria como fotógrafa hasta ahora y por todo lo que me ha aportado”, dice Kaindl. “Me encanta visualizar conceptos e ideas para los demás y transmitirlo a través de mi ojo y mis sentimientos. La estética y las cosas bellas significan mucho para mí, lo que por lógica, también se traduce en mi hogar". Esta filosofía es el hilo conductor de su pequeño apartamento, un oasis de calma que también sorprende por su personalidad y por la ecléctica colección de muebles y objetos que realzan la belleza de estas cuatro paredes.
Y sin embargo, Kaindl todavía no sabe si será su parada definitiva, una habitación más donde tratar a sus clientes no le vendría nada mal. Y no solo eso:
“Crecí en las montañas, cuanto más tiempo pasa, más me doy cuenta de que necesito la naturaleza, cada vez me atrae más, pero también necesito la inspiración de la ciudad. Ya veremos".
Las vistas del pequeño apartamento.
La mesa de comedor redonda es de Maisons du Monde y las sillas, de una tienda vintage de Berlín.
Detalle del dormitorio, con una pequeña lámpara negra de Westwing. La mesilla de noche es vintage.
Para inspirar la calma y favorecer el descanso, se optó por un tono blanco en las paredes.
En el dormitorio, la lámpara de pinza plateada se adquirió en la tienda parisina Merci. Las cortinas que van del suelo al techo sirven para esconder el armario.
La cocina de acero inoxidable se encargó a un proveedor de catering. La jarra y los vasos sobre la balda son de Lobmeyr.
Kaindl pintó el frigorífico del mismo color que el salpicadero.
En la cocina, una de las estancias que transformó al completo, vestida para practicar Shiatsu.
La entrada, de un suave color rosa, recibe a los invitados.
El arte del baño es obra de la artista Kristina Kulakova.
Un detalle del espejo en el pequeño aseo de invitados del piso.
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