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Cierra El Recibidor, la tienda de interiorismo vintage de referencia en Barcelona: “Hay que adaptarse o apartarse, y nosotros hemos decidido apartarnos”
“No queremos irnos sin recordar todas las piezas que han pasado por nuestras manos y que ahora lucen en vuestras casas, ha sido un orgullo devolverles la belleza y la funcionalidad que se merecen. Nos vamos felices”.
Panel decelosía icónica de El Recibidor.
Con este mensaje tan bonito, se despedían Jorge Carrascosa (que venía de la dirección cinematográfica y guión) y Gerard Thomas (director de arte), los propietarios de El Recibidor, de toda la comunidad de fans que han ido atesorando a lo largo de los años. Pero vayamos al principio.
Junio de 2012: se inaugura el primer showroom de El Recibidor. Pero el trabajo había empezado tres meses antes, definiendo el proyecto, buscando un local de 100 m2 y yendo de cabeza con las posteriores obras. “Cargados de ilusión, pasión y ganas de emprender, abrimos un 21 de junio en un pequeño espacio de la calle Viladomat, en el barrio de Sant Antoni -muy de moda por aquel entonces-”, recuerdan. Luego cogieron un almacén adicional de otros 100m2 al lado y, más tarde, dieron el salto al reciente, de 450m2 en la calle Calàbria.
Gerard y Jorge en su último día en el showroom, donde ya solo quedan memorias.
Y eso que, en 2012, la situación económica del país no era la mejor. Hacía poco había estallado la famosa burbuja inmobiliaria y levantaba sus persianas una nueva tienda de mobiliario y objetos recuperados de los 60s y 70s. Jorge y Gerard alzaban el vuelo con la clara intención de innovar en el sector de las propuestas vintage, aportando luz y honestidad a un universo que permanecía oculto y lleno de polvo. Y… ¿por qué no? Con el objetivo de ser una alternativa real a las grandes marcas.
“La cosa pintaba bien desde el principio, el día de la inauguración, y con el comercio lleno de gente, apareció un emergente diseñador de interiores poco conocido: ni más ni menos que… ¡Lázaro Rosa-Violán! Esa tarde seleccionó el 60% de las piezas recién expuestas. Al día siguiente, con la resaca de emociones arrancó El Recibidor, junto a nuestro primer pedido importante”, dicen con cierto tono melancólico.
Exposición de Equipo hifi Rosita Commander, Mesa Gplan y aparador McIntosh.
AD: Habladnos del nombre… Es el primer espacio que encuentras al entrar en casa, buscamos precisamente eso, un nombre reconocible en el entorno del hogar, con cierto aire vintage y que reflejara algo acogedor. Le dimos muchas vueltas, sin embargo, al final, este nos ha definido muy bien.
AD: Además del espacio físico, desde los inicios tuvisteis presencia online. Sí, planteamos el proyecto con dos canales de venta. El físico, a través de nuestro showroom y el ecommerce a través de una web, en la que poder consultar nuestro catálogo y nuestra mentalidad. Así, el cliente no solo podía comprar online, sino que también podía ver nuestro producto y saber la procedencia y el estado de conservación, una auténtico avance en el sector.
AD: ¿Cuáles fueron vuestras premisas? Ofrecer el mueble en una excelente calidad estética y funcional. La web debía explicar perfectamente ambas características, era básico para ganar prestigio y confianza. En poco tiempo, empezamos a observar los resultados, tanto en asistencia en tienda como en visitas al site. Hay que añadir que Facebook e Instagram no tenían la influencia que tienen hoy. De hecho, venía gente de otras comunidades a visitar nuestro showroom y a comprar, simplemente por el hecho de haber visitado nuestra web, querían conocernos en persona.
Detalle de su escritorio, con una pantera de porcelana italiana, un sofá Togo y un equipo hifi Wega.
AD: Y la gran pregunta… ¿qué ha pasado?
No hay una sola razón, es un cúmulo de ellas. Por un lado, han subido los costes de todo. Producto, transporte, alquiler… Es una pena, hay que adaptarse o apartarse, y nosotros hemos decidido apartarnos. Y, oye, una retirada a tiempo es una victoria.
AD: Cierto
Desde hace ya unos años han aparecido multitud de nuevas firmas, la gran mayoría low-cost que amplían las posibilidades de los clientes finales y profesionales. Éstas basan sus diseños en los originales de los 60s-70s-80s, con calidades limitadas, pero estéticamente similares. Trabajan muy bien el look y la inversión en comunicación (las cookies las carga el diablo).
Ahora ocurre algo tan desconcertante como el fenómeno de la publicidad en redes sociales: una gran marca de mobiliario promociona a través de un influencer sus lámparas de 15€ de coste en un entorno con muebles originales de los 70s, de unos 4000€-5000€. Es raro, ¿no?
Vista general de El Recibidor.
AD: Lo es. ¿Cuál es vuestra relación con las redes sociales?
Claramente, las redes sociales influencian en nuestra decisión de compra. No sé si estamos al principio del proceso, en medio o al final, ni cuál será el siguiente peldaño. Lo cierto es que para las empresas pequeñas con recursos limitados es dificilísimo competir. Si no te aparezco, no existo, ergo, no soy una opción.
AD: ¿Y con las tendencias?
Cambian continuamente, aunque “lo nuestro” siempre ha estado allí. Adaptándose a casi cualquier espacio, ya sea de aire minimalista o más bien barroco. Son muebles muy combinables, que aportan calidez, riqueza decorativa y mucha practicidad.
AD: ¿Cuáles han sido vuestro referentes?
Los interiores de los 50s y 60s de países escandinavos y norteamericanos. La industrialización del sector del mueble y la fuerte influencia del racionalismo estético y funcional japonés trajeron la mayor revolución cultural y del diseño industrial. Últimamente, El Recibidor se abrió a otras épocas, empezamos a tocar productos de los 80s incluso de los 90s. Las tendencias cambian y el “mezclum” de décadas es una realidad. Nos encanta.
Detalle interior de un espacio comedor.
AD: Incluso apostasteis por ofrecer un servicio de restauración.
Exacto, y no solo aplicada a nuestra selección, sinó que el cliente podía venir a ver el proceso de restauración de las piezas que había seleccionado de nuestro catálogo o de las que nos traía de casa para devolverle su atractivo. Para ello contábamos con un equipo de profesionales que hacía un trabajo extraordinario (y no siempre valorado).
AD: Ay, ¡no queremos que esta conversación se acabe!
Nunca imaginamos haber calado de tal manera, tras anunciar nuestra marcha percibimos la alta consideración y aprecio hacia nuestra marca y, sobre todo, hacia nosotros. Muchos han sido los que han venido a despedirse en persona, de manera espontánea. ¡Es muy gratificante! Nos vamos con el cariño de la gente, y con la seguridad de que cada pieza que ha pasado por nuestras manos tiene un lugar privilegiado en cada casa. Y con la certeza de que su propietario asegura con orgullo a: “Sí, esta pieza es de El Recibidor”.
Parte del equipo de restauración trenzando una silla.
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