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SUMUD
Un recorrido inmersivo que une cultura, memoria y resistencia.
Se trata de un PFC de Arquitectura efímera.
La propuesta consiste en una exposición efímera e inmersiva bajo el nombre SUMUD, pensada para que el visitante no solo vea, sino que también viva la experiencia. Se trata de un recorrido narrativo que entrelaza la cultura y la identidad palestina, junto con la memoria y la resistencia.
Nuestro cliente es Casa Árabe, una institución cultural española dedicada a fortalecer el conocimiento y el diálogo entre el mundo árabe y España. Desarrolla habitualmente exposiciones, conferencias y actividades vinculadas a la cultura y la realidad política y social de países árabes. Para la realización de su propuesta, la exposición se plantea en colaboración con Matadero Madrid, que nos cede su espacio de la Central de Diseño (Nave 17) como sede para la instalación.
Está pensada para un público muy variado. Por un lado, para los visitantes habituales de Matadero Madrid que van en busca de experiencias culturales y que se interesan por propuestas diferentes. Al mismo tiempo, está dirigida a un público más sensibilizado con temas sociales y de derechos humanos. Pero no solo a este público, la propuesta también está pensada para un público general, que aunque no tenga un conocimiento previo profundo, pueda vivir la instalación desde lo sensorial y lo emocional.
La intervención se desarrollará en la Central de Diseño (Nave 17) de Matadero Madrid, un espacio de gran valor cultural e industrial. La Nave 17 es un espacio con una altura libre de 4,75 metros y una estructura de vigas vistas en ambos sentidos que sobresalen 0,25 m. El espacio garantiza circulación fluida, accesibilidad y evacuación segura. Dispone de instalaciones técnicas de luz, sonido y electricidad, lo que facilita el desarrollo de una propuesta de carácter audiovisual e inmersivo como esta.
La exposición tendrá lugar durante el otoño de 2026, es decir, durante los meses de octubre y noviembre, dentro de la programación cultural de Matadero Madrid. Su duración será de 8 semanas en total.
El montaje se llevará a cabo en un plazo fijo de 7 días consecutivos. Una vez finalizada la exposición, el desmontaje se realizará en 3 días, dejando el espacio en su estado original.
La instalación está concebida como una propuesta efímera pero itinerante, de manera que, tras su inauguración en Matadero Madrid, podrá trasladarse posteriormente a otras instituciones culturales interesadas en acogerla, manteniendo el mismo esquema espacial y constructivo.
El proyecto nace de la necesidad de crear una experiencia que no se limite a observar una exposición, sino que invite a vivirla desde dentro. El recorrido está diseñado como una narrativa inmersiva que conduce al visitante desde la cultura y las tradiciones palestinas hasta la crudeza de la realidad, para finalmente ofrecer un espacio de memoria y toma de acción.
Para responder a las necesidades del proyecto, se han definido los siguientes elementos clave del espacio expositivo:
. Gráficas: paneles, imágenes, textos explicativos y cronologías históricas.
. Elementos materiales: objetos cotidianos, piezas de vestuario y elementos simbólicos vinculados con la vida palestina.
. Espacios inmersivos.
. Espacios de pausa y reflexión.
. Audiovisuales: proyecciones, instalaciones sonoras y recursos multimedia que refuercen la experiencia sensorial y emocional.
. Recorrido narrativo.
. Accesos: claros, definidos y adaptados a la normativa de seguridad y evacuación, evitando puntos de aglomeración.
. Materiales efímeros, modulares y fáciles de montar y desmontar.
El planteamiento está pensado para instalarse en la Nave 17 del Matadero Madrid, pero con la flexibilidad suficiente para que también pueda trasladarse a otros espacios si hiciera falta.
SUMUD se plantea como una exposición efímera e inmersiva organizada a través de un recorrido narrativo continuo. Combina espacios informativos, recorridos sensoriales y zonas de pausa, con el objetivo de que el visitante no solo reciba información, sino que viva la exposición de manera física y emocional, a través del cuerpo, el sonido, la luz y la escala.
La exposición se construye mediante sistemas modulares de madera y revestimientos ligeros, que permiten generar una secuencia de espacios diferenciados pero a su vez conectados entre sí. El recorrido está dirigido en todo momento, evitando cruces confusos y facilitando una lectura progresiva del contenido. De esta manera, el visitante avanza desde la identidad y la cultura palestina hacia la pérdida, la destrucción, el exilio y la infancia interrumpida, para finalizar en la memoria y la toma de acción.
El recorrido comienza con un roll-up en la entrada que introduce la exposición mediante el logo de SUMUD y un texto introductorio. A continuación, el visitante accede a la primera zona, la de cultura y tradición, un espacio que muestra la Palestina que rara vez se conoce en Occidente, lejos del genocidio y la pérdida. Esta zona se organiza mediante una serie de paneles modulares que cumplen una doble función, informativa y de guía del recorrido. Además de soportar textos e imágenes, estos paneles permiten integrar pequeños compartimentos para exponer maquetas u objetos, aprovechando su propia estructura. La zona se divide en distintas secciones temáticas. Comienza con un panel introductorio general, seguido de la sección dedicada a los frutos palestinos, donde se incluyen dos pequeñas macetas artificiales de olivo. A continuación, se presentan los tejidos tradicionales (tatriz), con telas y maniquíes con vestimenta tradicional. Le siguen los oficios típicos en Palestina, representados mediante imágenes y una maqueta, el baile palestino (dabke), mostrado a través de vídeos, la gastronomía, los símbolos religiosos con maquetas, los símbolos de resistencia con objetos expuestos, y por último, la vida cotidiana. Además, se incorporan vinilos adhesivos en el suelo que simulan alfombras palestinas, utilizados como recurso gráfico y simbólico para mostrar sus patrones sin recurrir a alfombras reales. La iluminación en esta zona es cálida y con una intensidad suficiente para permitir una lectura cómoda de los paneles sin resultar saturada. Desde esta zona, el visitante pasa a la zona de contexto histórico, una zona que explica los sucesos históricos desde 1948 y demuestra que la historia no empezó el 07-10-2023. En esa zona también se encuentra el núcleo central de la exposición, donde se sitúan los túneles, sus habitaciones y la zona de raíces. Estas áreas se perciben de manera simultánea, permitiendo una lectura global del espacio. Nada más llegar, el visitante se encuentra frontalmente con un panel introductorio al primer túnel y, al girarse, con el panel introductorio de la zona de contexto histórico. Aunque se trata de dos zonas distintas, se complementan entre sí.
El primer túnel es el túnel Silencio. Como en todos los túneles, la estructura se mantiene vista en el interior, haciendo referencia a las viviendas palestinas dañadas por los bombardeos. Exteriormente, el túnel está revestido con una lona impresa con imágenes de la bandera palestina desaturada, tachada y manchada, así como símbolos como la sandía sin color, reforzando la idea de una identidad silenciada. En el interior, el espacio es oscuro, las imágenes se colocan de manera irregular para generar inestabilidad visual y se iluminan mediante spotlights desde posiciones bajas y cruzadas. Esta iluminación fría y de baja intensidad provoca que las sombras de los visitantes se proyecten sobre las imágenes al caminar, haciendo que estas aparezcan y desaparezcan, reforzando la idea de una identidad que existe pero se intenta borrar. En el techo cuelgan kufíyes rotas y una bandera palestina en mal estado, iluminadas de forma muy tenue para que estén presentes sin convertirse en protagonistas. Al fondo del túnel se sitúa un banco sencillo, acompañado de auriculares desde los que se escuchan voces palestinas que se cortan constantemente, reforzando el concepto del silencio impuesto. La habitación asociada a este túnel se observa a través de aperturas irregulares en la lona. Representa una escena minutos después de un bombardeo en un espacio donde se guardaban archivos. El espacio se ilumina únicamente mediante una tira LED naranja en el suelo, cubierta por tela tensada con alambres para simular papel ardiendo.
Tras volver a la zona de contexto histórico, el recorrido continúa hacia el túnel de Cenizas. Este túnel es más estrecho, buscando generar una sensación intensa de agobio y presión. La lona exterior contiene la imagen de una pared destruida con grietas por las que entra una luz fría y muy tenue, simulando haces de luz que atraviesan los escombros. En el interior, en el suelo se encuentran escombros, restos de ventanas, columnas rotas y vigas que cortan el paso a la zona de Raíces, reforzando la idea de bloqueo. Un banco, pintado de manera que parezca quemado, permite la pausa frente a las aperturas que muestran la habitación. Esta representa el interior de una vivienda civil tras un bombardeo. Se observan restos de mobiliario, paredes quemadas y una proyección de bombardeos reales en Gaza, cuyo sonido puede escucharse mediante auriculares situados en el túnel.
El tercer túnel es el de Sin Retorno, de dimensiones similares al túnel Silencio. Exteriormente, la lona muestra el muro de separación, coronado por alambre de púas, y un cielo gris que refuerza la sensación de amenaza. En el suelo, un PVC que representa tierra con huellas humanas y de neumáticos, simbolizando el desplazamiento forzado. El túnel contiene maletas de distintas épocas, botellas de agua vacías, un neumático antiguo y un carrito con cajas, representando la huida repetida a lo largo del tiempo. En el centro se sitúa una torre de vigilancia, símbolo del control constante durante los desplazamientos.
Señales contradictorias guían al visitante hacia una salida que finalmente se cierra con maletas apiladas, que funcionan también como asientos. La habitación de este túnel representa una vivienda abandonada hace minutos, tras recibir folletos de evacuación ya que la zona será bombardeada en breves minutos. Se encuentra con ropa por todos lados, objetos tirados, la cama deshecha y la televisión aún encendida. Además de una proyección que muestra el destino final del desplazamiento, los campos de refugiados.
El último túnel es el de Ecos, dedicado a la infancia interrumpida. Es estrecho y opresivo, con paredes cubiertas de dibujos infantiles deteriorados. En su interior aparecen mochilas colgadas, juguetes entre escombros e imágenes reales de niños palestinos. Dos pantallas muestran, respectivamente, la dureza de su realidad y/o momentos de juego y sueños. Este es el único túnel que permite el acceso a la zona de raíces, un espacio central dominado por un olivo. Se trata de una zona cálida, con sonidos de niños jugando y pájaros, concebida como un espacio de pausa, esperanza y reflexión. La habitación de este túnel representa un aula abandonada. En ella se proyecta la última llamada de una niña palestina (Hind Rajab), traducida y acompañada de auriculares, reforzando la carga emocional del espacio.
El recorrido finaliza en la zona de memoria, compuesta por varios paneles que recogen imágenes de periodistas asesinados, nombres y edades de niños fallecidos y datos reales del genocidio. En el centro se sitúan bancos para favorecer la pausa y la reflexión. Frente a estos paneles se disponen pantallas con vídeos de periodistas, listados de víctimas y acciones de apoyo a Palestina. La exposición concluye con un panel de toma de acción que invita al visitante a implicarse activamente tras la experiencia. En esta zona se incorporan pequeños olivos como símbolo de esperanza y continuidad.
El sistema de montaje del proyecto es un sistema sencillo, claro, reversible y fácilmente desmontable. Todas las decisiones constructivas responden a la necesidad de agilizar los tiempos de montaje y desmontaje, facilitar el transporte y evitar cualquier intervención permanente sobre la Nave 17.
La exposición se construye a partir de un sistema modular basado en estructuras de madera de listones de 45 × 70 mm, utilizadas tanto en los paneles expositivos como en los túneles y habitaciones. Este sistema permite trabajar por piezas premontadas fuera del espacio expositivo y realizar el ensamblaje final de forma rápida, limpia y ordenada. Todas las uniones se realizan en seco mediante tornillería, sin anclajes al edificio.
En la zona de cultura y tradición, así como en la zona de memoria y toma de acción, los paneles se resuelven mediante estructuras modulares de madera con una base revestida en tres o cuatro de sus caras, dependiendo de donde estén situados, con paneles de contrachapado negro mate de 1 cm de espesor. Sobre esta base se sitúa la parte superior del panel, también se trata de un sistema modular con la estructura de madera vista, menos en la parte expositiva que se reviste de contrachapado blanco roto mate, destinado a la colocación de textos, imágenes y objetos expositivos.
En la zona de contexto histórico, aunque se mantienen los mismos materiales, el sistema se adapta funcional y formalmente al contenido, en este caso, no es modular. Las estructuras no cuentan con una base elevada y se estabilizan mediante peso incorporado en su parte inferior. En este caso, los paneles se revisten completamente con contrachapado negro mate, generando superficies continuas que facilitan la lectura del contenido histórico y crean una atmósfera más contenida y sobria.
Los túneles se construyen también a partir de estructuras modulares de madera, con una base se madera se 10 × 30 cm en los laterales de cada túnel para garantizar la estabilidad, y otra base/soporte de madera de 45 x 45 mm para que el techo sea más estable. Estas estructuras forman un esqueleto autoportante que se reviste exteriormente con lonas impresas, permitiendo generar espacios cerrados y envolventes sin aumentar excesivamente el peso ni la complejidad del montaje. Este sistema permite que cada túnel tenga una atmósfera propia a través del revestimiento, la iluminación y los elementos escenográficos, manteniendo una estructura base común.
A parte de estos sistemas de montaje, también tenemos el mobiliario de las habitaciones y el revestimiento de la base del árbol de Raíces, que estarán hechos a base de cartón nido de abeja pintado.
Una vez montadas las estructuras principales, se incorporan de forma independiente los elementos expositivos y escenográficos, como maniquíes, maquetas, tejidos, pantallas, macetas y los elementos gráficos y audiovisuales.
El proceso de montaje se organiza en una serie de fases pensadas para optimizar tiempos, facilitar el trabajo en obra y garantizar un desmontaje limpio y ordenado.
En una primera fase, se realiza el premontaje de los módulos de madera fuera de la Nave 17, en taller. Una vez preparados, estos módulos se transportan al espacio expositivo en piezas planas, lo que facilita su traslado y almacenamiento. De forma paralela, se desarrolla y encarga toda la parte gráfica de la exposición.
El montaje en la nave comienza por la zona de Raíces. En primer lugar, se construye la base del olivo central, formada por madera sobre la que se fija el árbol artificial para garantizar su estabilidad. Esta base se reviste con cartón de nido de abeja pintado y se añade peso en su interior para reforzar la estabilidad. Finalmente, el peso queda oculto mediante musgo y tierra, logrando un acabado más estético y coherente con el concepto del espacio. A continuación, se coloca el PVC del suelo del túnel Sin Retorno y se inicia el montaje de los techos de los túneles, uniendo los módulos de madera de 45 × 70 mm premontados mediante tornillería. Estos se fijan a una base/soporte de madera de 45 × 45 mm, que facilita la unión con el cuerpo del túnel y aporta mayor seguridad estructural durante el montaje.
Los túneles se construyen a partir de estructuras modulares de madera, apoyadas sobre bases de madera de 10 x 30 cm, situadas en la parte inferior de los laterales de cada túnel, que aportan estabilidad al conjunto. Sobre estas bases se montan los módulos inferiores de las paredes, fijados mediante tornillería de madera de 150 × 6 mm. El mismo sistema se repite en altura utilizando tornillería de menor tamaño, de 100 × 4,5 mm, hasta completar las paredes. Una vez levantadas las paredes, se apoya la estructura del techo, que se monta en primer lugar para facilitar el ensamblaje del resto del túnel. Aunque los cuatro túneles parten del mismo sistema constructivo y del mismo material, no todos tienen las mismas dimensiones, dos de ellos son más anchos y largos que los otros, por lo que se emplean módulos de diferentes tamaños manteniendo siempre el mismo criterio constructivo.
En esta fase también se coloca el PVC del suelo de la habitación del túnel Cenizas y se comienzan a montar las bases de los paneles de la zona de cultura y tradición y de la zona de memoria y toma de acción, uniendo los módulos previamente montados. Se continúa con el montaje completo de los paneles expositivos, cubriendo las bases con contrachapado negro mate de 1 cm de espesor y uniendo los módulos de la parte superior. Estos paneles se construyen mediante sistemas modulares de listones de madera de 70 × 45 mm, lo que permite realizar paneles de diferentes tamaños y usos.
En paralelo, se revisten los túneles con lonas impresas fijadas a la estructura mediante velcro resistente de doble cara, lo que permite avanzar posteriormente con el montaje de las habitaciones interiores.
También se construyen los paneles de la zona de contexto histórico. Estos se apoyan sobre una base de madera de 10 × 30 cm que aporta estabilidad. Sobre esta base se monta una estructura de listones de 70 × 45 mm, fijada con tornillería de 150 × 6 mm a la base. El conjunto se reviste completamente con contrachapado negro mate de 1 cm de grosor, generando superficies continuas. En el interior de la estructura se introduce arena para aumentar el peso y mejorar la estabilidad.
Una vez montadas las estructuras principales, se completan los paneles expositivos añadiendo el revestimiento superior y los compartimentos interiores en aquellos paneles destinados a la exposición de objetos y se terminan las habitaciones asociadas a los túneles tras la colocación del mobiliario escenográfico en su interior, el cual está hecho cartón nido de abeja y/o poliespán pintados. Finalmente, se colocan los techos de las habitaciones, cerrando cada espacio.
En la última fase se coloca todo el material expositivo, como imágenes, textos, maquetas, vinilos, macetas y maniquíes. Se instalan las pantallas, proyectores y el PVC del suelo de la zona de cultura y tradición, así como los elementos expositivos propios de los túneles.
Por último, se realiza el montaje completo de la iluminación, ajustando cada luminaria según la atmósfera y el carácter de cada espacio.
El proceso de desmontaje se plantea siguiendo el orden inverso al montaje, permitiendo retirar todos los elementos sin dejar rastro en la nave y garantizando la reutilización de los sistemas constructivos y expositivos.
Los materiales, el mobiliario y la iluminación no se eligen por criterios estéticos aislados, sino como parte del discurso del proyecto. Todos los elementos trabajan juntos para reforzar la narrativa, las sensaciones y el contenido que se quiere transmitir en cada espacio.
A nivel general, se opta por materiales sencillos y ligeros, como la madera, el contrachapado, las lonas impresas y los vinilos adhesivos. Estos materiales permiten un montaje limpio y flexible, pero también transmiten una sensación de fragilidad, coherente con el tema de la exposición. En ningún momento se busca un acabado lujoso, sino un lenguaje directo, casi crudo, que acompañe al relato.
Los paneles expositivos se utilizan como el principal soporte de información y de organización del recorrido. En la zona de cultura y tradición, estos paneles cumplen una doble función, informativa y expositiva. Además de textos e imágenes, su geometría permite integrar objetos, maquetas, tejidos o elementos físicos relacionados con cada temática, haciendo que la información no sea únicamente visual, sino también material. En esta zona se utilizan colores claros y materiales visibles que refuerzan una atmósfera cercana, cálida y accesible.
El mobiliario se resuelve de manera sencilla y funcional, principalmente mediante bancos de madera. Estos bancos aparecen en distintos puntos del recorrido, en algunos casos, como en los túneles, el mobiliario se integra visualmente en la escena, adoptando un aspecto deteriorado o quemado, sin perder su función de uso por parte del visitante.
En las zonas de contexto histórico y en el núcleo central, el lenguaje material se vuelve más contenido y oscuro. Las superficies se simplifican para favorecer la lectura de la información y para no distraer del contenido. En estas áreas, los materiales se usan de forma más neutra, generando un fondo que permite que los datos, imágenes y textos tengan mayor peso.
Los túneles se conciben como espacios cerrados y envolventes, construidos a partir de una estructura vista y revestidos con lonas impresas. Estas lonas permiten generar distintas atmósferas sin modificar el sistema base, adaptando cada túnel a su temática específica. La estructura vista se mantiene en el interior como un recurso intencionado, que recuerda la realidad de los edificios dañados y a la exposición constante de la estructura tras los bombardeos.
El atrezzo y los elementos escenográficos como maletas, escombros, juguetes, muebles deteriorados, tejidos, banderas y mochilas se seleccionan y colocan con un criterio narrativo. No funcionan como decoración, sino como fragmentos de escenas congeladas de la vida real palestina, que ayudan al visitante a situarse emocionalmente en cada espacio.
La iluminación juega un papel clave en la construcción de la experiencia. En la zona de cultura y tradición se emplea una iluminación cálida y suficiente, mediante proyectores de acento, que permite una lectura cómoda y refuerza la sensación de cercanía. En contraste, en los túneles y habitaciones la iluminación adopta un carácter más escenográfico y escultórico. La luz aparece fragmentada, dirigida o muy reducida en intensidad, generando sombras, siluetas y zonas de penumbra. Se utilizan proyectores de acento, iluminación indirecta y tiras LED puntuales para reforzar conceptos como la destrucción, el silencio, el fuego o la sensación de estar bajo escombros.
En conjunto, la elección de materiales, mobiliario y luminarias responde a una misma lógica, construir una experiencia coherente, donde cada elemento tenga un sentido dentro del relato y ayude a que el visitante no solo entienda SUMUD, sino que lo viva.
La distribución del proyecto se organiza como un recorrido continuo en el que cada zona tiene un uso concreto. El espacio no se divide en salas independientes, sino que todo está pensado para que el visitante avance poco a poco, entendiendo primero la identidad palestina, después su historia y finalmente las consecuencias reales que esta situación tiene en la vida de las personas.
El recorrido comienza en la zona de cultura y tradición. Este espacio se utiliza como introducción al proyecto. Aquí el visitante puede caminar con calma, leer los paneles, observar objetos, tejidos, maniquís, maquetas y elementos audiovisuales. Es una zona abierta y accesible, pensada para presentar Palestina desde su cultura, su vida cotidiana y sus raíces. Su función es situar al visitante antes de entrar en las partes más duras del recorrido. Después se pasa a la zona de contexto histórico. Esta zona se utiliza para explicar de forma clara y cronológica lo que ha ocurrido en Palestina desde 1948 hasta hoy. No es un espacio que se recorra de una sola vez, el visitante entra desde aquí a los túneles y, al salir de cada uno, vuelve a esta zona para seguir leyendo y entendiendo lo que acaba de experimentar. De esta manera, la información histórica y la experiencia espacial se van mezclando sin saturar.
Desde el contexto histórico se accede a los túneles, que forman el núcleo del proyecto. Cada túnel tiene un uso distinto y una superficie adaptada a lo que se quiere transmitir. El túnel ¨Silencio¨ se utiliza para hablar de la identidad que se intenta borrar. Es un recorrido contenido, donde el visitante avanza observando símbolos culturales dañados o censurados. El túnel ¨Cenizas¨ es más pequeño y estrecho, y se utiliza para transmitir la destrucción tras los bombardeos. El túnel ¨Sin Retorno¨ representa el exilio forzado y la imposibilidad de volver a casa. El túnel ¨Ecos¨ habla de la infancia interrumpida y conduce al espacio central del proyecto. Cada túnel se relaciona con una habitación cerrada, visible a través de ventanas irregulares. Estas habitaciones se usan para representar escenas concretas. El visitante no entra en ellas, solo las observa desde fuera, lo que refuerza la sensación de distancia y de no poder intervenir. La única excepción es la habitación del túnel Ecos, a la que sí se puede acceder. Esta habitación representa un aula vacía y permite una experiencia más directa.
En el centro de los túneles se sitúa el espacio ¨Raíces¨. Este espacio solo se puede alcanzar desde el túnel Ecos, pero se puede ver desde los demás túneles. Se utiliza como un punto de pausa y descanso, tanto físico como emocional. Aquí el visitante puede sentarse y observar el olivo central, que funciona como símbolo de resistencia y permanencia.
El recorrido termina en la zona de memoria y toma de acción. Este espacio se utiliza para detenerse, leer, mirar y reflexionar. Incluye paneles con nombres, información visual y varias pantallas. También hay bancos para sentarse. Al final se encuentra el panel de toma de acción, donde se explican formas reales de ayudar y se muestran iniciativas que ya se están llevando a cabo en diferentes partes del mundo. De esta forma, la exposición no acaba solo en la emoción, sino que propone una respuesta activa.
El diseño de la iluminación en el proyecto se plantea como una parte fundamental y no como un elemento añadido al final. Desde el principio, la luz se entiende como una herramienta narrativa capaz de acompañar y reforzar cada uno de los espacios sin imponerse sobre ellos. Se busca una iluminación intencionada que guíe la mirada, marque el recorrido y ayude a construir las distintas atmósferas de la exposición. En general, el proyecto combina luz ambiental, luz de acento y luz escultórica, ajustando su uso según la función y el significado de cada zona.
Para la iluminación ambiental se aprovecha, siempre que es posible, la luz natural que entra por las ventanas de la zona de contexto histórico, especialmente la ventana ubicada justo en frente del túnel de Sin Retorno, ya que este túnel se plantea como un recorrido exterior. Durante el día, la luz natural ilumina el interior del túnel y, al desaparecer el sol, toman protagonismo las luminarias del propio túnel, generando un cambio de atmósfera que refuerza su realismo. Además de la luz natural, la nave 17 en su estado actual incluye iluminación ambiental, la cual también se aprovechará cuando sea necesario. Por otra parte, en la habitación del túnel Sin Retorno también se usa la iluminación ambiental para iluminar la habitación por completo.
La luz puntual o de acento, es la más utilizada en el conjunto de la exposición. Se emplea principalmente para iluminar los paneles expositivos e informativos en las zonas de cultura y tradición, contexto histórico, memoria y toma de acción, así como en las habitaciones de Cenizas y Ecos, en Raíces y en los túneles. En el túnel Silencio se usa la luz de acento en el techo para iluminar cenitalmente los elementos colgados. En el túnel Sin Retorno, la luz puntual se coloca en los cuatro lados de la torre de vigilancia. Por último, en el túnel Ecos se usa la luz de acento para iluminar el contenido en las paredes del túnel. Este tipo de iluminación permite jerarquizar la información, dirigir la atención del visitante y evitar una sobreiluminación general.
En cuanto a la luz escultórica, se utiliza principalmente en las macetas de olivo y en la habitación del túnel Silencio, donde una tira LED genera un efecto de fuego que refuerza la carga simbólica del espacio. En el propio túnel Silencio se emplean proyectores de acento con una función escultórica, se colocan en la parte inferior de los laterales del túnel para que cuando el visitante entre en el túnel se generen sombras. De este modo, la identidad que se intenta borrar aparece y desaparece, siguiendo la lógica narrativa del túnel y reforzando su significado. En el túnel Cenizas también se utilizan luminarias de acento con función escultórica. En este caso, la luz entra de forma puntual a través de grietas en el techo, iluminando los escombros y ayudando al visitante a entender la escena que se representa, la sensación de encontrarse bajo los escombros de un edificio destruido. En general, la iluminación de los túneles y habitaciones adquiere un carácter escenográfico y escultórico. La luz no se limita a permitir la visión, sino que construye significado. Aparece fragmentada, dirigida y con una intensidad reducida, generando sombras, siluetas y zonas de penumbra. La elección de luminarias responde a esta intención, priorizando fuentes de luz controladas y localizadas, con temperaturas de color frías o contrastadas, que refuerzan la carga emocional y narrativa de cada espacio.
En cuanto a niveles lumínicos, se plantea una gradación progresiva de la intensidad a lo largo del recorrido. Las zonas iniciales cuentan con una iluminación más clara y legible, mientras que los espacios centrales reducen notablemente los niveles de luz, obligando al visitante a adaptar su mirada y su ritmo. Esta reducción no busca incomodidad técnica, sino coherencia con el contenido y con la experiencia que se quiere generar.
El mobiliario presente en la exposición es mínimo y responde a criterios funcionales y narrativos. Bancos, soportes y elementos de apoyo se integran de manera discreta en el espacio y, en muchos casos, se relacionan directamente con la iluminación para garantizar su uso seguro y su correcta percepción.
Renders según el orden del recorrido.
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