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Proyecto residencial en donde se rediseña el espacio de una vivienda de 40,30 m2. A partir del concepto “luz difusa”, se exploran diferentes maneras de tamizar la luz natural. Así se genera un espacio con una gran influencia japonesa, dándole mayor relevancia al uso de materiales y las particiones.
La distribución de los espacios se configuró analizando las diferentes necesidades que presentaba el cliente según el briefing. A Carla le gustaba cocinar y a menudo organizaba cenas con sus amigos, por lo que la cocina fue uno de los espacios que tomó más relevancia. También lo hizo la zona de sala de estar, que cuando fuera necesario se utilizaría como dormitorio para Marcos, el hijo de Carla. Se consideró que este espacio fuera transformable, mediante particiones deslizantes que permitieran tener una sala abierta y diáfana o segregar el espacio y hacerlo más discreto y privado para mantener la intimidad. El dormitorio principal, siendo una de las habitaciones que más utilizaría Carla, se colocó en un lugar que asegurara la entrada del máximo de luz natural posible.
La madera, usada tanto para el pavimento general como para las piezas de mobiliario, genera ese ambiente cálido y acogedor que necesita un espacio que va a ser vivido. Al igual que la madera, los tejidos del sofá y banco proporcionan al espacio una sensación de confort. El tejido azul se convierte en el acento de color del espacio, contrastando con un interior bastante neutro. El papel de arroz presente en las pantallas divisorias permiten que la luz que entra por las puertas de la terraza se difumine y logre crear un espacio amplio y luminoso, sin importar si estos se encuentran cerrados o abiertos.
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